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viernes, 10 de abril de 2026

ESPADILLA: XXII SUBIDA A PEÑA SAGANTA (4/4/2026)

 


 “…las cumbres sólo existen mientras dura el ascenso, y se desvanecen para siempre cuando se dejan atrás, sepultadas de años que no vuelven.” (Fernando Navales en “Mil ojos esconde la noche. Cárcel de tinieblas.” de Juan Manuel de Prada). Para que esto no nos suceda, volvemos todos los años en Sábado Santo a Espadilla para asistir a su "Subida a Peña Saganta". Seguro que así, el recuerdo de Peña Saganta no se desvanecerá sepultado en años sin volver.
Una nueva edición, la vigésimo segunda, nos llevó a Espadilla una vez más para subir a Peña Saganta. No podíamos faltar a la cita para subir a una montaña a la que tenemos un cariño especial. Aquí tenéis la crónica de esta nueva subida.
El recorrido circular tiene una distancia de unos 10 km y se puede realizar en unas 4 horas con parada a almorzar en la cima. Puede hacerse en ambos sentidos. Tal vez sea más fácil subir por el barranco de la Piqueta y bajar por el viejo camino de caballerías que lleva a Ayódar. En todo caso, el recorrido vale la pena y es muy recomendable. El sendero está bien marcado, aunque en la loma que lleva a la cumbre hemos de estar pendiente de algún hito que nos guíe, aunque como el objetivo lo tienes enfrente, no tiene pérdida.

Llegamos como siempre a una temprana hora. El silencio ocupa el ambiente. Aparcamos C/ Montico Torre, junto a la pista polideportiva de la localidad.


Una escultura con unas manos entrelazadas da la bienvenida a los visitantes. La aprovechamos como telón de fondo para hacernos la foto de inicio de ruta. (foto de Emilio Romero)


Nos dirigimos al Jardín Botánico, punto de encuentro de los senderistas. 
Nos obsequiaron con una gorra.


Una vez han llegado todos los participantes, se procede a realizar una foto de grupo antes de comenzar a caminar. Aquí la tenéis. La foto nos la hizo amablemente Lola.


Poste de inicio de los dos PR con los que cuenta Espadilla, el PR-CV 314 y el PR-CV 386. Nosotros seguiremos el PR-CV 314. Desde el kilómetro 6,3 coincidimos hasta Espadilla con un tramo del GR 333

Dos emblemas de Espadilla: el espolón de Peña Saganta y los restos de la torre del castillo que nos van a acompañar en los primeros momentos de camino.


Y tras la foto de rigor empezamos a caminar por la pista, pero será un recorrido breve. El grupo ha salido con buena marcha. Pero nosotros hoy vamos más despacio.


Apenas doscientos metros de iniciar la ruta, el sendero continúa por senda que transcurre por el barranco de la Piqueta. Aquí el grupo se coloca en fila india para comenzar la senda.


El sendero recorre una treintena de metros por el interior del barranco de la Piqueta


Desde aquí el sendero toma bastante desnivel y nos obliga a esforzarnos un poco.


El sendero asciende bruscamente y sigue paralelo al barranco de la Piqueta.


La ruinosa torre del castillo vigila nuestros pasos.


Un pequeño tramo sin desnivel nos ayuda a recuperar el aliento y nos hace reflexionar un poco.

“Cerrar los ojos. Cómo quisiera cerrar los ojos y empezar de nuevo y abrirlos después con la tardía lucidez que traen los años pero con la vitalidad que ya no tengo.” (Don Rafael, Mario Benedetti, “Primavera con una esquina rota”) 

Tuvimos la oportunidad de ver unas cabras retozando por la ladera de enfrente de la nuestra. (foto de Emilio Romero)

El sendero tiene tramos verdaderamente bonitos. Disfrutamos mucho subiendo a Peña Saganta.


Y llegamos a la fuente de la Piqueta. Casi siempre está sin agua. Suele ser el punto donde se procede a un primer reagrupamiento de senderistas. Pero en esta ocasión, cuando llegamos nosotros el grupo ya había continuado el camino.

"Ya no mana la fuente, se agotó el manantial;
Ya el viajero allí nunca va su sed a apagar."

                                  Rosalía de Castro

Desde la fuente de la Piqueta y a contraluz, vemos la silueta del castillo.
Los antiguos moradores hubieran vigilado de manera privilegiada nuestro ascenso.
Ahora, únicamente las derruidas murallas lo hacen. Aún así, nos sentimos vigilados. Tal vez en el ambiente aún sintamos la presencia de sus antiguos moradores.


Desde la fuente, el sendero vuelve a subir sin descanso hacia el paraje conocido como la Olla.


Ya hemos adquirido altura y realizamos breves paradas para contemplar el amplio horizonte que se abre ante nuestros ojos. En el horizonte, sobresale la orgullosa figura del Penyagolosa.

“Una montaña que se ve en el horizonte, sobre el cielo límpido, es una imagen que se graba en nuestra alma y que en ella reposa durante tiempo y tiempo.” (Azorín, “España”)



Sin prisa pero sin pausa. Éste es el objetivo de nuestra subida de este año.

Adquirimos altura y tenemos unas preciosas vistas de la sierra de Espadán.

Pico Espadán (1099 m), Gurugú, Peña Pastor.


También vemos la Rápita (1106 m.), máxima altura de la sierra.


Una vez superado un collado, bajamos hacia el barranco de la Carbonera. En la bajada ya podemos ver la loma de Peña Saganta, a la que llegaremos después.


El equipo bajando hacia el cruce con el barranco de la Carbonera.


La senda pasa junto al desvío a Ayódar por la Solana que dejamos a nuestra derecha.


Llegamos hasta el barranco de la Carbonera, que cruzamos en este punto por esta pedrera. Aprovechamos para detenernos un momento a reponer fuerzas. (foto de Emilio Romero)


Tras cruzar la Carbonera, ascendemos un poco hasta la loma de Peña Saganta.


Una vez en la loma, hemos de estar pendiente de algunos hitos y algunas estacas para seguir el sendero, aunque no tiene pérdida.

Tras la subida, otros dos gigantes de la sierra son reconocibles hacia el sur.

El Alto del Pinar (1044 m.)


El Pinar o Alto de la Santa (1102 m.).


Hacia el norte, Peñacalva y el Cabezo de las Cruces también son fácilmente reconocibles.


No se nos escapa Castillo de Villamalefa desde aquí.


Ni la población de Argelita con su torre cuadrada y la cilíndrica.


En la imagen la Mola del Buey Negro, donde se ubica el castillo del mismo nombre.


Vista de la loma de acceso a la cima. Como se aprecia, aquí pierde espectacularidad Peña Saganta.


Y más a la derecha, vemos el embalse de Sitjar o de Ribesalbes y el Mediterráneo al fondo.


A nuestra izquierda y desde las alturas, como nos gusta a nosotros ver las cosas, las ruinas del castillo de Espadilla.

Después de ochocientos metros desde el barranco de las Carboneras, llegamos a este poste y seguimos de frente. Este poste marca el desvío que tomaremos a la vuelta por la izquierda.

Desde la loma de Peña Saganta tenemos una visión panorámica de 360º. Mirando hacia el sur, hacia la sierra de Espadán, distinguimos otras cimas que hemos visitado.






Hacia el este espejea el mar Mediterráneo.

"El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo."

Octavio Paz


Seguimos por la ondulada loma de Peña Saganta. Es un tanto incómodo caminar por ella. Las piedra caliza está erosionada por la acción del agua y presenta zonas angulosas y cortantes que dificultan el paso.

Al fondo, el extremo de la Peña Saganta. Hacia allí dirigimos nuestros pasos.

"Luz en sueños. ¿No tiemblas, andante peregrino?
Pasado el llano verde, en la florida loma,
acaso está el cercano final de tu camino."

                           Antonio Machado


A escasos metros de llegar a la cima nos cruzamos con algún grupo que ya estaba de vuelta.
Como dije, en nuestro caso, en esta ocasión no teníamos ninguna prisa.


Por fin llegamos al extremo de la Peña y nos asomamos al abismo que se abre a nuestros pies.
Esta bonita imagen de Espadilla y del valle del Mijares se abre ante nosotros. Ha valido la pena el esfuerzo. La recompensa es inmensa. Ante nosotros un amplio horizonte que disfrutar.

"!Aire! ¡más luz, una planicie verde
y un horizonte azul que la limite,
sombra para llorar cuando recuerde,
cielo para creer cuando medite!"

      Manuel Gutierrrez Nájera



Llegamos a la cima de Peña Saganta. 
Aquí estamos en el punto más alto de la ruta (726 m).

“Hoy, antes del alba, subí a las colinas,
miré los cielos apretados de luminarias
y le dije a mi espíritu: cuando
conozcamos todos estos mundos y el placer y la sabiduría
de todas las cosas que contienen,
¿estamos tranquilos y satisfechos?
Y mi espíritu dijo: No,
ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante.”
(Walt Whitman)


Otros grupos aún están en la Peña, aunque no tardarán en marchar.


Lo primero que miran nuestros ojos es al imponente macizo del Penyagolosa que se presenta frente a nosotros con sus credenciales de belleza y majestuosidad.

Antes de disponernos a almorzar nos entretenemos disfrutando de las excepcionales vistas que Peña Saganta ofrece.

A nuestra derecha, el barranco del río Pequeño, afluente del Mijares, en el que desemboca aquí en Espadilla.


Y el Turio.


Hacia el norte, aunque lejana, vemos la cima del Bartolo que distinguimos por sus antenas.


Vemos mejor que antes Castillo de Villamalefa.

En el Valle del Mijares distinguimos varias poblaciones.

Argelita, a los pies de la imponente muela del Buey Negro.


Al fondo, las aguas del embalse de Sitjar.








Este panel nos da información de lo que vemos frente a nosotros y nos ayuda a conocer cimas que no hemos visitado.


Tras el esfuerzo de la subida toca reponer fuerzas. Éste fue el menú para el almuerzo. 
(foto de Emilio Romero)


Congregados alrededor de la mesa para proceder al pequeño festín.
(foto de Emilio Romero)

Mientras estuvimos en la cima tuvimos ocasión de disfrutar del majestuoso vuelo de dos buitres, que merodearon sobre nosotros un buen rato.

Tras el almuerzo, faltaba inmortalizar nuestro paso por Peña Saganta con la foto de grupo en el banco que preside la cima. (foto de Emilio Romero)


Ahora sí que toca regresar sobre nuestros pasos. (foto de Emilio Romero)

"Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto."

Luis Cernuda


Desandamos lo andado por la loma de Peña Saganta, ahora en bajada. Volvemos por donde hemos venido en busca del poste direccional que nos indica el desvío hacia el camino viejo de Ayódar, por el que regresaremos a Espadilla.


Ante nuestros ojos se extiende la parte central de la sierra de Espadán, con algunas de sus cimas más representativas.


Y en esta foto, algunas más.


Aquí está el poste. Lo seguiremos por nuestra izquierda dirección Espadilla.


Las florecillas del tomillo muestran esta primavera su agradecimiento por las últimas lluvias caídas.
Nosotros agradecemos al tomillo que nos ofrezca sus delicadas flores y su especial aroma. El monte está lleno de tomillares que cubren el suelo y aromatizan el ambiente.

"Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas..."

Antonio Machado

Apenas iniciamos el sendero vemos la cima alomada del Turio que nos acompañará en el tramo de bajada.


Iniciamos la senda de bajada hacia el enlace con el camino viejo de Ayódar. Es una senda pedregosa y con bastante pendiente que hemos de bajar con precaución para no resbalar.



En el empedrado sendero nos detenemos unos instantes a disfrutar de estas minúsculs florecillas de azulita o junquillo azul.

"Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!"

Antonio Machado


Pasamos junto a un aljibe que no tenía agua.


El sendero desemboca en el cruce con el antiguo camino de Ayódar. A nuestra derecha iríamos hacia allí.
Seguimos de frente para volver a Espadilla. (foto de Emilio Romero)


En el cruce vemos como las paletas del poste direccional están rotas. Aunque el PR se puede realizar fácilmente, es evidente que en algunos puntos necesita una revisión  y algo de mantenimiento.


El Turio una vez más. 
Como comenté antes, será un referente en este tramo de bajada.


Parte de la senda de bajada transcurre por encima del barranco del río Pequeño, que en esta ocasión podía verse con agua.

“Los ríos profundos corren en silencio, los arroyos son ruidosos.” (Proverbio hindú)


El sol comienza a apretar de lo lindo y esta vertiente tiene poca vegetación.


Entre algunos pinos, al fondo, aparece tímidamente Argelita, con Peñagolosa al fondo.


En el descenso, además del paisaje, nos paramos a disfrutar de sencillas y pequeñas cosas, como las florecillas que vamos encontrando por el camino. En este caso son flores de jara blanca.

“Están los jarales bajos constelados de sus grandes flores vagas, rosas de humo, de gasa, de papel de seda, con las cuatro lágrimas de carmín; y una calina que asfixia, enyesa los pinos chatos.” (“Platero y yo”, Juan Ramón Jiménez)

El descenso ha propiciado que nuestro corazón se recupere y sus latidos más normales nos han permitido momentos de mayor recogimiento que propician minutos de reflexión. Este es otro aliciente de nuestros paseos por la montaña.

"Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo,
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera."

Juan Ramón Jiménez


Aunque ya vemos asomar algunas casas de Espadilla, aún nos queda un poco para terminar.
A veces, lo que nos parece cercano está más lejos de lo que creemos.


Vistas hacia el castillo desde el sendero.


Se agradecen algunos tramos de sombra como el de la foto que mitigan el calor que hace y que aumente la fatiga.


Las marcas indican que dos senderos se solapan. Como comenté al principio en un tramo de la ruta coinciden, por un lado, el PR-CV 314 que es el que seguimos y, por otro, el GR 333 que continúa hasta Ayódar.


Las mariposas también nos hicieron compañia. Esta mariposa saltacercas fue una de ellas.

"¿No eres tú, mariposa,
el alma de estas sierras solitarias,
de sus barrancos hondos
y de sus cumbres agrias?"

Antonio Machado


Aunque el sendero es de bajada, no deja de tener algún que otro repecho que hemos de salvar con cierto esfuerzo.


Llegamos a este cruce donde podemos tomar una extensión del PR que nos llevaría hasta el castillo. En esta ocasión no hemos subido. La paleta marca veinticinco minutos de subida y hay que calcular otros tantos de bajada. Pero el calor y la hora nos disuaden de hacerlo.


Ya cerca de Espadilla nos asomamos a este mirador sobre la población que es relativamente reciente.


El último tramo de senda muestra restos del antiguo empedrado del camino viejo de Ayódar, camino de herradura que, sin duda, otrora fue más transitado que hoy en día.

"Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;"

León Felipe

Y ya casi en el punto de partida, un vistazo atrás para contemplar el excelente porte de esta Peña Saganta, que en algo nos recuerda, salvando las distancias, a Penyagolosa.

Ahora sí que estamos a un tiro de piedra de Espadilla.


Junto a estos paneles finalizamos nuestra XXII Subida a Peña Saganta. 
¿Una nueva edición nos esperará el año que viene?

Desde hace dos ediciones no se realiza la tradicional comida de hermandad con todos los participantes en el edificio multiusos de la población, por lo que lo hicimos en el Bar Saganta, hacia donde nos dirigimos tras finalizar la ruta.

Callejeamos por el bonito pueblo de Espadilla para llegar al bar.


Calle Baranda.

Iglesia de San Juan Bautista.


Ayuntamiento de Espadilla.


Dispuestos a reponer sólidos y líquidos.
(foto de Emilio Romero)


Esta completa ensalada y secreto a la brasa con patatas fue el sencillo pero rico menú.


Tras la comida, nos despedimos de Espadilla, con Peña Saganta de fondo, con un ¡hasta pronto!, si es posible. Intentaremos volver para que el recuerdo de la subida no se desvanezca sepultada en años de ausencia.

Pincha en el enlace para ver las fotos de la ruta.

Debemos disfrutar de la montaña siempre de la manera más segura posible para evitar riesgos y accidentes. Para ello es importante que leas estos consejos sobre "Seguridad en la práctica de senderismo y emergencias en montaña".

La ruta en el mapa


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