Con el presente congelado durante una larga temporada, no nos queda más remedio que el consuelo de mirar atrás reviviendo momentos inolvidables, mágicos, serenos, inefables...que se han quedado grabados en nuestro cerebro y en nuestro corazón y que apenas rememoramos, afloran como un manantial de agua pura y fresca que nos ayuda a sofocar la sed de montaña que tenemos y que no podremos saciar hasta dentro de algún tiempo.