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viernes, 5 de junio de 2026

CAMINO MEDIEVAL LEBANIEGO, 4ª ETAPA: BÁRCENA MAYOR - SAJA (23/5/2026)

 


“En el Camino se aprende simbología, religión, historia, urbanidad y compañerismo, a la vez que se cultiva el cuerpo con el ejercicio físico, y al tiempo que la mente y el cuerpo aumentan su capacidad de comunión en la frugalidad, las incomodidades y la resistencia. Y todo ello se suma y se convierte en un conocimiento general que se extrae de las mismas piedras del Camino.” (“El Camino Mágico de Santiago”, Xosé Azofra Carballo). Nueva etapa que confirma nuestro progreso como peregrinos y el aprendizaje de todas esas cosas que se aprenden en el Camino, como dice Xosé Azofra.

El monasterio de Santo Toribio de Liébana (Camaleño, Cantabria) alberga desde el S. VIII la reliquia del “lignum crucis”, el trozo de madera de la cruz de Cristo más grande de la cristiandad, siendo desde entonces muy visitado por los peregrinos camino de Santiago de Compostela. El trayecto más conocido que lleva hasta Santo Toribio es el llamado “Camino Lebaniego Cántabro” en el que los peregrinos que realizaban el camino de la costa se desviaban en San Vicente de la Barquera para llegar a Santo Toribio y venerar la reliquia sagrada para después seguir su camino hacia Compostela. Pero hay otros caminos que llevaban hasta allí, menos conocidos. Uno de ellos es el Camino Medieval Lebaniego de la Santa Cruz. Este trayecto partía desde la localidad de Astillero y cruzaba la Cantabria profunda hasta llegar a Santo Toribio. Camino olvidado durante muchos años parece que intenta revitalizarse desde hace un tiempo, incluso parece que el Gobierno Cántabro desea involucrarse en su recuperación. A pesar de todo, después de recorrerlo, puedo afirmar que necesita una buena inversión para que esta idea tenga un buen final. Nuestro Camino Medieval Lebaniego está basado en la “Guía para el peregrino del Camino Medieval Lebaniego” de Antonio Nicolau Fernández, editada por el Ayuntamiento de Astillero en 2023 con motivo del “Año jubilar Lebaniego”. Pero nosotros hemos adaptado las etapas en función de dónde podríamos pernoctar y comer. Hemos de decir que, desgraciadamente, los servicios de albergues, hospedajes y restauración no son suficientes y necesitarían de un impulso por parte del Gobierno Cántabro y los municipios de paso correspondientes. Es por ello que nuestras etapas no coinciden exactamente con las propuestas en la guía. Por último, decir que se trata de un camino duro por sus desniveles tanto positivos como negativos, por transitar por caminos y sendas donde la abundancia de agua y barro los hace más difíciles, por el calor de estos días de mayo, etc. aunque, eso sí, es uno de los más bellos y espectaculares que he realizado.
Hemos dividido el camino en ocho etapas que recorren un total de unos 150 km.

Esta cuarta etapa aunque de menor kilometraje, tiene buenos desniveles que nos cansarán, pero es de gran belleza por transcurrir por dos bonitos bosques de hayas y robles. Uno al inicio de la etapa, nada más salir de Bárcena Mayor, y el otro desde Colsa hasta Saja que transcurre por un antiguo camino empedrado medieval, La Varga, que unía esa población con Saja y que transcurre también por un bonito hayedo. Esta etapa tampoco se corresponde totalmente con la etapa oficial. Esta etapa nos permite hacer un pequeño descanso en Los Tojos porque hay bares donde podemos almorzar. La etapa transcurre íntegramente por el GR-71. Pernoctamos en Saja en Casa Rural The Living Mountain y comimos en el Mesón La Florida

He comprobado en la Federación Cántabra de Montañismo que el GR está descatalogado por la mala conservación debido a la falta de mantenimiento.

DATOS GLOBALES DEL CAMINO MEDIEVAL LEBANIEGO

- 148,16 kms. divididos en ocho etapas.
- 5.869 m. de desnivel positivo.
- 5.312 m. de desnivel negativo.
- 35h. 47' tiempo en movimiento.
- 47h. 45' tiempo total.

DATOS DE LA CUARTA ETAPA

- 11.92 kms.
- 450 m. de desnivel positivo.
- 507 m. de desnivel negativo.
- 2h. 42' tiempo en movimiento.
- 4h. 16' tiempo en total.

Amanece, que no es poco, sobre Bárcena Mayor. Nos levantamos algo más tarde que otros días porque la etapa es más corta, aunque comprobaremos al acabar, que por desnivel nos vamos a cansar casi tanto como en otras.

“Estaba el pueblo en silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida” 
(frase de Don Quijote, replicada en “El verano de Cervantes”, Antonio Muñoz Molina) 


El elenco de peregrinos posando para la prensa antes de iniciar la etapa.


Tras el desayuno partimos. De camino vamos disfrutando de este precioso pueblo. Según algunos, el más antiguo de Cantabria. Hoy en día está enfocado al turismo.


Tiene rincones y detalles que llaman nuestra atención, como esta adornada ventana que destila delicadeza y buen gusto.

"Yo no sé lo que tiene esta pequeña ventana; si hablara de dolores, de sollozos y de lágrimas, tal vez al concretarla, no expresaría mi emoción con exactitud; porque el misterio de estas ventanas está en algo vago, algo latente, algo como un presentimiento o como un recuerdo de no sabemos qué cosas…"(Azorín, “Las confesiones de un pequeño filósofo”)



Salimos del pueblo por el mirador sobre el río del Mesón Río Argoza donde cenamos anoche.

Aquí podemos llenar las botellas con agua para el camino.


Decimos adiós al río Argoza y le deseamos  suerte en su viaje.

"El río que yo más quiero
no se quiere detener,
con el ruido de sus aguas
no escucha que tengo sed."

Violeta Parra

Cruzamos el puente de piedra sobre el río Argoza.

“Recuerda que la vida es un puente y que nadie en su sano juicio construye nada sobre los puentes.” (Fernando Sánchez Dragó, “El sendero de la mano izquierda”)


Apenas pasado el puente giramos a la derecha.


Y comienza enseguida un sendero que transcurre por el interior de un exuberante bosque de hayas y robles que va a hacer nuestras delicias.


Aunque la belleza del bosque estaba algo empañada por el terreno mojado y con barro que nos obligaba a caminar con cuidado mirando donde poníamos los pies.

“El mal camino andarlo pronto.” (“Próspero viento”, Andrés Trapiello)


La belleza del entorno nos invita a rememorar otros momentos vividos en tantas y tantas rutas que hemos tenido la suerte de poder realizar.

"Hemos andado despacio, sin acabar nunca.
Salimos una madrugada, hace mucho, oh, sí, hace
muchísimo
Hemos andado caminos, estepas, trochas, llanazos.
Las sienes grises azotadas por vientos largos. Los
cabellos enredados en polvo, en espinas, en
ramas, a veces en flores."

Vicente Aleixandre


El bosque tiene una belleza inusitada.
 El agua es protagonista y nos obliga a hacer malabarismos muchas veces.


Las babosas encuentran aquí su hábitat más especial y beneficioso.


Y no hay nada como poder tocar un ser vivo tan longevo para que nos transmita la sabiduría que los años producen.

Repasar la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria (no empalagosa, como suele ser la relación con un perro insoportablemente fiel) pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando vuelve al trajín de la ciudad.”

(Santiago en  “Primavera con una esquina rota” de Mario Benedetti)

Seguimos por el intrincado bosque, caminando como buenamente podemos y disfrutando de este entorno mágico al que no se puede acceder de otra forma que no sea caminando. Aquí no valen coches, motos, patinetes, bicicletas... sólo nuestras piernas nos pueden traer hasta aquí.


Allá donde miramos disfrutamos de monumentales ejemplares como el de la foto.

”Ven ardillita,
tengo una jaula
que es muy bonita.
”No, yo prefiero,
mi tronco de árbol
y mi agujero."

Amado Nervo


Pasamos junto a esta cabaña.


Seguimos por el bosque mágico. Tal vez nos sintamos vigilados por sus habitantes que desde sus escondites nos miran como intrusos que rompen la paz y el silencio de su morada. Pero pueden estar tranquilos que nuestras intenciones son buenas. Estamos de paso y seremos lo menos intrusivos que podamos. Quedad tranquilos en vuestro paraíso.


Nos cruzamos en este tramo de sendero con muchos participantes del ultramaratón de "Los 10000 del Soplao", que iniciaron a las doce de la noche su participación desde Cabezón de la Sal.
(foto de Miguel Bnacloche)


Cruzamos un puente de madera sobre el arroyo de Balneria, afluente del Argoza.


Límpidas aguas del arroyo de Balneria (también lo he visto escrito con "V")


Hay tramos más cómodos de caminar.


En este cruce tenemos un dilema, seguir por la derecha o el GR por la izquierda. Decidimos seguir por la derecha, pero por la izquierda hubiéramos llegado al mismo punto y pienso que con menos distancia y desnivel que por donde fuimos. Pero a lo hecho, pecho.


El itinerario elegido es espectacular. Pero veremos enseguida que tiene su pendiente.
(foto de Miguel Banacloche)


Pasamos junto a una casa en ruinas, "Venta Escura".


Y tras pasar junto a la casa, una buena subida nos espera.


La senda desemboca en este punto donde volvemos a enlazar con el GR-71 que habíamos dejado en la encrucijada anterior.


El camino ahora es mucho más ancho y cómodo.


Entre los árboles ya distinguimos  a los lejos Los Tojos, hacia donde nos dirigimos.


El verde domina miremos hacia donde miremos.

"¡Madre mía, tierra,
otra vez más verde,
más plena, más bella!"

Juan Ramón Jiménez


En el tronco de un árbol vimos esta pañoleta que anuncia la Feria de Covaldriz, feria ganadera que se celebra en el pueblo de Correpoco, perteneciente al municipio de Los Tojos.


Un abrevadero de los muchos que vamos encontrando, no alivia nuestra sed, pero nos ayuda a refrescarnos.


Seguimos disfrutando de los paisajes cántabros. Son una delicia para la vista. Nuestras retinas se impregnaron de tantos y tantos paisajes que permanecerán en ellas para siempre.
 

Y los regatos de agua, que surgen en cualquier parte contribuyendo a mantener ese verde de sus montañas y valles.


Llegamos a Los Tojos. Accedemos por un camino entre huertos, en lugar de hacerlo por la carretera que da más vuelta.


Recorremos su calle principal.


Disfrutamos de su arquitectura rural tan típica.


Y buscamos el bar donde haremos una pequeña parada para rehidratarnos.
 

En el bar La Bolera, pudimos tomar algo fresco. 


Tras el breve paso por Los Tojos y el bar, seguimos camino dirección a Saja.


Las casas de Los Tojos se alinean a ambos lados de una calle principal, que es la CA-818. En este punto la carretera sale del pueblo dando un giro a la derecha.


Seguiremos aproximadamente un kilómetro en subida por ella hasta llegar a Colsa.
En nuestro paso por Los Tojos y por este tramo de carretera tuvimos ocasión de ver también a algunos participantes de "Los 10000 del Soplao" en la modalidad de E-Bike. Bajaban a tumba abierta.


Llegamos a Colsa. La carretera termina aquí.


Cruzamos Colsa y vamos en busca de un antiguo camino medieval empedrado que llevaba hasta Saja también por un bonito bosque de robles y hayas, el camino de La Varga.


Salimos de Colsa y seguimos por el camino que vemos por la derecha con dirección al Mirador de Peña Colsa. Los compañeros, charlando animadamente, se colaron de camino y tuvieron que regresar. 


Nos entretenemos con la belleza y perfección de la flor de saúco.


Seguimos el camino, unos cuatrocientos metros, hasta el mirador.


En el camino no podía faltar el ganado en el campo.


Alcanzamos el mirador de Peña Colsa. Tiene una bonita vista.


Comenzamos a bajar por el Camino de La Varga.


En el camino encontramos esta sencilla ermita.


Éste es su interior. 


El camino no está en buenas condiciones, aunque al menos, la sombra se agradece.


Mucha piedra suelta y también algo de barro.


A poco de finalizar, tenemos otro momento de concentración.

“Eres libre de utilizar a voluntad el tesoro inagotable que albergas en tu interior. No es necesario, por tanto, que busques fuera de ti.” (maestro Dazhu, “La esencia del Zen”, Thomas Cleary)


Como comenté al principio, la etapa de hoy coincidía con el GR-71. En la piedra, podemos ver ambas señales.


En algunos tramos el antiguo empedrado se conserva algo mejor.


El camino no es ajeno a los regatos de agua que lo cruzan o que corren hacia abajo, embarrando un poco el sendero.

Pero seguimos disfrutando de la espectacularidad de algunos especímenes.


¡Mirad qué túnel de vegetación! ¿No es una maravilla?


El camino pasa por delante del cementerio de Saja. No presenta buen aspecto.


Nos dio la sensación de estar abandonado.

“Morirse es lo único que hacemos todos, los gordos, los flacos, los jóvenes y los viejos, las mujeres y los hombres.” (Emilio en “Con el amor bastaba” de Máximo Huerta)


Desde el cementerio aún nos queda casi un kilómetro para terminar la etapa.
Ya vemos los tejados de algunas casas de Saja.

"Es el pueblo. Por encima
de los oscuros tejados,
verde, lloroso de grillos
y de esquilas, está el campo."

Juan Ramón Jiménez


Preciosas estas violetas campanillas silvestres (Campanula patula)


Por fin, entramos en Saja.


Pasamos junto a la iglesia de Santa Águeda.


Ya tenemos una primera vista del río Saja.

"Río de cristal, dormido
y encantado: dulce valle,
dulces riberas de álamos
blancos y de verdes sauces."

Juan Ramón Jiménez

Avanzamos con ganas de terminar la etapa. El calor aprieta de lo lindo.


Ahora cruzaremos el río Saja por este puente.


El río Saja con calma en su camino hacia el mar.

“…aunque nunca supe el nombre de aquel río del cuento, lo que sí sabía es que las aguas de todos los del mundo vienen a dar al mar y arrastran con ellas las lágrimas de quien llora en su orilla.” (Leonardo en “La Reina de las Nieves” de Carmen Martín Gaite)


Una fuente para un último remojón.


Y finalmente, llegamos a nuestro alojamiento: Casa Rural The Living Mountain.
Aquí pernoctaremos.


Ésta será nuestra habitación.
Tras la ducha nos vamos enseguida al Mesón La Florida, donde comeremos.


Tras la reparadora ducha estamos preparados para comernos lo que nos presenten.
Hemos tenido suerte porque el restaurante cierra esta tarde por vacaciones. Llegamos un día después y no hubiésemos tenido dónde comer.




¿Qué os parece el menú? Riquísimo todo.


Vistas desde el balcón de nuestro alojamiento.
Tras la colada y la siesta, una amena tertulia en el bar con los vecinos de Saja para completar la cuarta etapa. 


El propietario del Mesón La Florida tuvo la deferencia de prepararnos unos bocadillos antes de cerrar por vacaciones. Eso nos permitió poder cenar esa noche. Lo hicimos en la cocina de nuestro alojamiento. Nuestro agradecimiento por el favor. Así salvamos en esta etapa el tema de la comida. 


Un sencillo pero apetitoso bocadillo que nos vino de perlas.


Al final hasta tuvimos nuestro café. Así pusimos fin a esta cuarta etapa.

La etapa, una vez más, puso de manifiesto que en el Camino aprendemos de todo como dije en el encabezamiento: simbología, religión, historia, urbanidad y compañerismo. Y, por supuesto, supuso un ejercicio físico de importancia. Todo un conglomerado de elementos que convierten el Camino, cualquier Camino, en algo que nos ayuda a soportar la frugalidad, las incomodidades y refuerza nuestra resistencia. Mañana a por la quinta etapa.

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