Iniciamos la etapa siguiendo la carretera CA-280. Lo haremos aproximadamente durante unosdos kilómetros. Tal vez sea el único totalmente llano de toda la etapa.
La carretera transcurre paralela al río Saja que se deja oír y que podemos ver en algún tramo en el que la vegetación lo permite.
"Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río."
Rafael Alberti
Nadie notó el tenue saludo que estas margaritas silvestres nos dirigieron al pasar junto a ellas.
“Las cosas son del que las mira y las sabe apreciar y las entiende y es
capaz hasta de hablar con ellas. “(Casilda Iriarte, Carmen Martín Gaite, “La
Reina de las Nieves
Seguimos por la carretera aprovechando el terreno llano.
Tras algo más de dos kilómetros dejamos la carretera y seguimos por la derecha por esta pista forestal.
La pista forestal tiene el paso limitado a vehículos particulares. Únicamente pueden transitar por ella peatones, jinetes, ciclistas y vehículos autorizados.
Desde el desvío mismo y durante ocho kilómetros, la pista sube sin dar descanso y con alguna pendiente con mucho porcentaje de desnivel que va a poner a prueba nuestra forma física.
La pista se adentra en el hayedo de Saja y nos va a hacer disfrutar con monumentos como el de la foto (y no me refiero a mi).
“Al presentir que la muerte venía
a buscarlo, se despidió de los árboles de su huerto uno por uno, abrazándolos y
llorando porque sabía que nos los volvería a ver.” (Jerónimo, abuelo de José
Saramago en su "Discurso" de aceptación del Premio Nobel de literatura 1998)
Es una verdadera delicia tener el privilegio de poder caminar por parajes de tanta belleza.
Nos ponemos en serio y empezamos a subir con fuerza y a ritmo constante. En pleno esfuerzo también podemos reflexionar sobre lo divino y lo humano.
“Sosiega tus pensamientos. Hazlo en medio de las perturbaciones. Cuando
lo consigas podrás ascender a lo más elevado y abismarte en lo más profundo.” (maestro
Yuanwu, “La esencia del Zen”, Thomas Cleary,
Simplemente bello.
Nos cansamos pero vamos subiendo a gusto porque lo que nos vamos encontrando es una maravilla.
“Es que el bosque tiene ruidos extraños, modulaciones misteriosas que a veces semejan llanto de niños, a veces risotadas de muchachas que anduvieran volando entre el ramaje.” (Conde de Laín en “El abuelo”, Benito Pérez Galdós)
La subida es tan fuerte que el grupo se ha estirado mucho y conviene hacer una parada para descansar un poco y reagruparnos. Lo hicimos justamente en el kilómetro ocho.
Tras el descanso, seguimos. Aún no ha terminado la dura subida. Nos faltarán aún unos dos kilómetros.
Hemos salido del hayedo y la altura nos proporciona excelentes vistas de esta preciosa tierra.
Pasamos cerca del refugio Bucierca. Hasta aquí hemos salvado en seis kilómetros un desnivel de quinientos metros.
Seguimos subiendo ahora ya sin la presencia de las monumentales hayas que hemos ido viendo durante nuestro ascenso.
Pasamos junto a esta balsa antiincendios. Detrás de ella hay un abrevadero donde nos detenemos para refrescarnos un poco.
Sin la protectora sombra de las hayas nuestra sombra aparece inevitablemente. Aunque siempre nos acompaña, no siempre es visible.
"La sombra de mi alma
huye por un ocaso de alfabetos,
niebla de libros
y palabras.
¡La sombra de mi alma!"
Federico García Lorca
Llegamos a las brañas de Carracedo.
Y, como es normal, en las brañas suele haber ganado.
En este punto se sitúa el collado de Brañaluenga.
Desde el collado subimos paralelos a la valla por la fuerte pendiente que vemos en la foto y que nos lleva al punto más alto de la etapa: Alto de la Jazona. Aunque la foto no refleja fielmente lo vertical de la pendiente.
A posteriori y mirando el mapa, nos dimos cuenta que unos metros antes del collado sale una senda a la derecha (GR-71) que en lugar de subir al Alto de la Jazona lo bordea por la derecha, ahorrando tiempo y esfuerzo. Para aprender, perder.
Al llegar al Alto es preciso detenerse por dos motivos: descansar y disfrutar del paisaje.
(foto de Miguel Banacloche)
Aquí se aprecia un poco mejor el desnivel que hemos subido.
Tras disfrutar de las vistas desde el alto ya será prácticamente una larga bajada de unos ocho kilómetros hasta Tudanca.
El descenso al principio es suave.
El camino que llevamos tropieza con esta cerca que hemos de pasar. Abrimos la cancela, pasamos, la cerramos y continuamos.
Salimos a este camino.
Como caminamos altos, podemos disfrutar de una panorámica fabulosa. un regalo para la vista.
"Quiero ser inmortal, con sed intensa,
porque es maravilloso el panorama
con que nos brinda la creación inmensa"
Amado Nervo
Con el camino más llano se hace más llevadero.
En plenitud el espino albar con estas bellas flores.
"A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.
De ella nace un rosal blanco;
de él, un espino albar."
Romance del Conde Olinos
"...delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos-¡tan lejos de mis oídos!- se abren notablemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sin fin del horizonte..." ("Platero y yo", J.R. Jiménez)
Con el paso más sereno y la respiración más acompasada nos concentramos en nuestros pensamientos y reflexiones.
“Y muy raro es aquel alimento que aprovechándote de joven, te deleite de
viejo, que a todo acaba perdiéndosele el gusto, como no sean los manjares de
los dioses, el maná del cielo y la ambrosía.” (Sansón Carrasco en “Al morir Don
Quijote” de Andrés Trapiello)
De vez en cuando hacemos alguna parda para beber, disfrutar del paisaje y agrupar integrantes.
Al fondo del valle, Sarceda (Zarcea en montañés)
Llega el resto del grupo y recomponemos el equipo.
Como zona ganadera, en todas las etapas hemos cruzado innumerables pasos canadienses.
Amplias panorámicas frente a nosotros nos llenan el alma de paz, tranquilidad y belleza.
Sobre el kilómetro dieciséis aproximadamente, a falta de tres para terminar la etapa, nos detenemos en un mirador natural con excelentes vistas sobre el valle del Nansa. En el fondo de la foto, Santotís, capital del municipio de Tudanca. Tiene catorce habitantes.
Desde el mismo punto ya divisamos Tudanca y La Lastra.
Ahora a por los tres kilómetros que nos faltan. Tenemos ganas de llegar porque el calor ya empieza a hacer de las suyas.
Acometemos un tramo por pista cementada por sombra, lo cual agradecemos sobremanera.
Numerosas matas de escaramujos con sus rosas en plena floración flanquean el camino. Su blleza y perfección nos embaucan.
“La Naturaleza es grande en las
grandes cosas, pero es grandísima en las más pequeñas.” (Jacques Henri
Bernardin de Saint Pierre)
Entramos en Tudanca.
Aquí, como hacía calor y teníamos sed, hicimos una pequeña parada en el bar para hidratarnos antes de emprender la corta pero intensa subida a La Lastra.
Tras el pequeño receso vamos saliendo de Tudanca y disfrutando de sus rincones.
Nos entretenemos en esta lustrada puerta. ¿Cuántas historias esconden las puertas tras ellas? ¿Cuántos secretos?
“No
hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración por
ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único,
supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o
nuestro infortunio…” (Azorín, “Las confesiones de un pequeño filósofo”)
En este poste, la señal que nos guía.
Pasamos por la iglesia de San Pedro, de Tudanca.
Salimos de Tudanca y cruzamos el río Nansa por este puente.
El río Nansa parece desbordar alegría y bullicio a su paso por Tudanca.
Tras cruzar el río nos queda una dura subida hasta nuestro alojamiento. La jornada se ha hecho dura y el calor ha endurecido la etapa ya de por sí dura por kilometraje y desnivel.
Pasamos junto a la iglesia de San Juan Bautista de La Lastra.
Un último repecho y habremos logrado nuestro objetivo.
Por fin, con el sol en nuestra vertical calentando fuerte, llegamos al final de etapa. Nos alojaremos aquí, en el Alojamiento Rural El Refugio.


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