"Todos los viajes nos dan algo. Todos los
viajes nos transforman un poco. Respiramos otros aires y de ellos extraemos,
aun sin darnos cuenta, el perfume del sentir de otras gentes ajenas a nuestra
realidad."(“El Camino Mágico de Santiago”, Xosé Azofra Carballo). En esta segunda etapa continuaremos avanzando como peregrinos al tiempo que otros aires nos muestran el sentir de otras gentes ajenas a nuestra realidad.
El monasterio de Santo Toribio de Liébana (Camaleño, Cantabria) alberga desde el S. VIII la reliquia del “lignum crucis”, el trozo de madera de la cruz de Cristo más grande de la cristiandad, siendo desde entonces muy visitado por los peregrinos camino de Santiago de Compostela. El trayecto más conocido que lleva hasta Santo Toribio es el llamado “Camino Lebaniego Cántabro” en el que los peregrinos que realizaban el camino de la costa se desviaban en San Vicente de la Barquera para llegar a Santo Toribio y venerar la reliquia sagrada para después seguir su camino hacia Compostela. Pero hay otros caminos que llevaban hasta allí, menos conocidos. Uno de ellos es el Camino Medieval Lebaniego de la Santa Cruz. Este trayecto partía desde la localidad de Astillero y cruzaba la Cantabria profunda hasta llegar a Santo Toribio. Camino olvidado durante muchos años parece que intenta revitalizarse desde hace un tiempo, incluso parece que el Gobierno Cántabro desea involucrarse en su recuperación. A pesar de todo, después de recorrerlo, puedo afirmar que necesita una buena inversión para que esta idea tenga un buen final. Nuestro Camino Medieval Lebaniego está basado en la “Guía para el peregrino del Camino Medieval Lebaniego” de Antonio Nicolau Fernández, editada por el Ayuntamiento de Astillero en 2023 con motivo del “Año jubilar Lebaniego”. Pero nosotros hemos adaptado las etapas en función de dónde podríamos pernoctar y comer. Hemos de decir que, desgraciadamente, los servicios de albergues, hospedajes y restauración no son suficientes y necesitarían de un impulso por parte del Gobierno Cántabro y los municipios de paso correspondientes. Es por ello que nuestras etapas no coinciden exactamente con las propuestas en la guía. Por último, decir que se trata de un camino duro por sus desniveles tanto positivos como negativos, por transitar por caminos y sendas donde la abundancia de agua y barro los hace más difíciles, por el calor de estos días de mayo, etc. aunque, eso sí, es uno de los más bellos y espectaculares que he realizado.
En esta segunda etapa nos enfrentamos al mayor desnivel de todo el Camino, por lo que la convierte en la etapa de mayor dificultad. A este desnivel de subida hay que añadir el de bajada que contribuye a su dureza y he de comentar además otro punto de dificultad en el kilómetro 16,7 en la zona conocida como "la hoya" con una bajada muy vertical y complicada de descender (lo haremos con mucha precaución) y que hemos podido saber que más de una vez ha habido algún problema en ella. Nosotros de hecho tuvimos un incidente con un compañero. Después de esta bajada viene enseguida una subida también muy vertical que nos obliga a subir despacio debido a su fuerte desnivel. Desde Socobio hasta pasar Puente Viesgo en el kilómetro cinco, el recorrido es llano y muy agradable. Incluso desde el kilómetro 1,8 hasta el 4,3 caminaremos por la Vía Verde del Pas. Pero a partir de ese kilómetro cinco no dejaremos de subir con fuertes desniveles hasta La Collada en el kilómetro trece. Después de la subida de la hoya nos espera también una buena subida hasta el cresteo de los picos La Garmia, Coturias y el Cotero de la Lomba. Desde aquí ya sólo nos resta un kilómetro y medio hasta Bostronizo. Etapa dura, con poca sombra y escasas fuentes, elementos que hay que tener en cuenta a la hora de realizarla.
Hemos dividido el camino en ocho etapas que recorren un total de unos 150 km.
DATOS GLOBALES DEL CAMINO MEDIEVAL LEBANIEGO
- 148,16 kms. divididos en ocho etapas.
- 5.869 m. de desnivel positivo.
- 5.312 m. de desnivel negativo.
- 35h. 47' tiempo en movimiento.
- 47h. 45' tiempo total.
DATOS DE LA SEGUNDA ETAPA
- 22,38 kms.
- 1124 m. de desnivel positivo.
- 749 m. de desnivel negativo.
- 5h. 44' tiempo en movimiento.
- 8h. 37' tiempo en total.
Amanecía en Socobio y nos disponíamos a realizar la segunda etapa. Ignorábamos que iba a ser la etapa más dura del Camino. Con buen ánimo íbamos a comenzar y lo que pasó os lo cuento ahora.
Antes de la salida, como es preceptivo, la foto de peregrinos en el alojamiento Rural Hospedería de Santa Cruz.
Hace calor aun a esta primerísima hora de la mañana que se refleja en una calima en forma de nubes que emborrona el ambiente.
"Déjame algún momento bajo el calor del cielo, deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...
Era tan bueno el astro que en la aurora salía a decirme: buen día."
Alfonsina Storni
Volvemos al punto en el que ayer dejamos el camino para llegar al alojamiento rural para enlazar de nuevo con él y seguir la etapa.
Salimos de Castañeda en grupo. Este primer tramo hasta el kilómetro cinco, serán llanos y nos permite caminar con cierta soltura.
Pasamos junto a un crucero, medio oculto por una farola y una marquesina de autobús, debajo de un puente de la autovía E-7/A-8. Una pena que no esté más visible.
Una pasarela debajo de la autovía nos cruza el río Pisueña, afluente del Pas en el que desemboca kilómetro y medio más abajo.
Río Pisueña.
"Salí al alba, dueño mío,
y llegué, marcha que marcha
entre cristales de escarcha,
hasta la margen del río."
Amado Nervo
Poco más adelante encontramos otro sencillo crucero al lado del camino.
"Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe... Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre. Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos."
César Vallejo
Seguimos el plácido camino ajenos al esfuerzo que nos tocaría realizar más adelante.
Los cuervos graznaban en sus cortos vuelos sobre el prado en busca de confiados insectos que recibían de imprevisto el picotazo mortal.
"La vejez en los pueblos.
El corazón sin dueño.
El amor sin objeto.
La hierba, el polvo, el cuervo.
¿Y la juventud?
En el ataúd."
Miguel Hernández
Nuestro camino sigue, como sigue el camino del que se está haciendo peregrino hora a hora, día a día; sin prisa, pero sin pausa.
Como comenté en la primera etapa, los prados con sus vacas y caballos iban a ser el denominador común de todas las etapas. Mirad aquí estas vacas paciendo totalmente ajenas a nuestro paso y, sin embargo, para nosotros ellas son un espectáculo inusual. Por estas tierras cántabras respiramos otros aires diferentes de los que aprendemos muchas cosas.
En el kilómetro 1,8 damos un giro a la derecha y enlazamos con un tramo de la Vía Verde del Pas.
Pocos metros más adelante vemos el panel explicativo. Por esta vía verde funcionó un ferrocarril de vía estrecha desde Astillero hasta Ontaneda, aunque su intención inicial fue enlazar con Castilla por Burgos. Pero el proyecto nunca logró llegar a su fin y nunca pasó de Ontaneda. Su escasa rentabilidad lo hizo desaparecer en dos fases. Hoy queda el recuerdo del trazado como Vía Verde del Pas.
Transitaremos por ella aproximadamente dos kilómetros y medio. La abandonaremos poco después de salir de Puente Viesgo, en el kilómetro 4,3.
En este caso, en el prado, en lugar de vacas o caballos vemos burros. ¿Podríamos decir que esto es una burrada?
Junto la vía encontramos un área recreativa como muchas otras a lo largo de ella.
Ésta es el área recreativa de Covanchón.
Justamente este tramo que hacemos transcurre paralelo al río Pas, que podemos ver de vez en cuando en algún claro de la vegetación.
Volvemos a ver esta original planta con esta flor tan especial tanto por sus colorido como por su forma de tubo. Se trata de la "Digitalis purpúrea", conocida comúnmente como dedalera.
Entramos en Puente Viesgo. Kilómetro tres y medio.
Puente Viesgo es conocido por su balneario "Gran Hotel" de aguas termales y sus cuevas con pinturas rupestres.
Metros después, en el centro de la localidad, vemos a nuestra izquierda la iglesia parroquial de San Miguel. Presenta un aspecto un tanto peculiar. Por un lado vemos un edificio de aspecto románico junto a una torre del S. XVII. El motivo es que se trata de una obra neo-románica de 1950 sobre la base del antiguo templo del S. XVII.
La verdad es que está muy lograda la reconstrucción.
Ábside y parte posterior del templo.
Junto a la iglesia se encuentra un espacio ajardinado y en el que se ubica el Ayuntamiento.
El consistorio ocupa una casona señorial de principios del S.XX, la Casona de Fuentes Pila.
Se nos ocurrió la idea de entrar para que nos cuñaran la credencial. Tuvimos la suerte de que la persona que nos atendió fuera el mismo alcalde. Nos contó además que justamente el viernes anterior había mantenido una reunión convocada por algún organismo oficial con alcaldes y otras personas relacionadas con el Camino Medieval Lebaniego con idea de revitalizarlo y publicitarlo para darle un impulso. Nos dio la muestra que repartieron de lo que será la nueva credencial oficial de los Camino Lebaniegos. Esperemos que la iniciativa prospere y mejoren los servicios para que este duro y bello camino sea recorrido por muchos peregrinos.
(foto sacada del artículo de Puente Viesgo en Wikipedia)
Ésta sería la nueva credencial que unificará las credenciales de los diferentes Caminos Lebaniegos.
Tras poner nuestro sello en la credencial seguimos por la Vía Verde y pasamos por la que fue estación de Puente Viesgo, ahora destinada a otros fines.
Y unos metros más adelante se encuentra la restaurada locomotora de construcción alemana "Reyerta".
Seguimos cómodamente caminando por la Vía Verde.
El polen primaveral cubre el suelo de los jardines, dando la apariencia de haber nevado.
A nuestra derecha transcurre el Pas, cuya corriente se hace perceptible a nuestros oídos.
Punto kilométrico 4,3. En este lugar dejamos la Vía Verde y nos desviamos por un camino por la derecha.
Este camino nos lleva a cruzar el río Pas por una sencilla pasarela de cemento.
El río Pas.
"No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.
Si vas deprisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa."
Ángel González
Tras cruzar, el camino nos lleva por un corto bosque que nos deja en la carretera N-623.
Seguimos la carretera hacia la izquierda, bordeamos una rotonda también por la izquierda y cruzamos luego para dejarla por una senda que nace a nuestra izquierda.
La subida se las trae. Aquí, kilómetro cinco, se terminó el camino cómodo. Desde aquí, una continua subida con bastante pendiente nos llevará hasta La Collada, en el kilómetro trece aproximadamente. O sea, ocho kilómetros de subida continua con fuertes rampas y poca sombra.
Apenas rozamos algunas casas de Quintana.
Nos desviamos unos metros para refrescarnos en esta fuente.
Las vacas nos miran con curiosidad. Seguro que piensan ¿estos qué hacen por aquí?
Es complicado reflejar en las fotografías las pendientes.
Pero os aseguro que eran duras.
La sombra es inmanente al peregrino y la nuestra no iba a ser una excepción. Aquí la veis.
"Sombra que nunca sales
de tu cueva, y al mundo
no devolviste el silbo
que al nacer te dio el aire,
del aire, aire, aire."
Rafael Alberti
Seguimos subiendo. Agradecemos algunos tramos de sombra porque el calor aprieta.
A pesar de la compañía en la que peregrinamos, siempre encontramos momentos de soledad que nos llevan a la reflexión, tan necesaria y más hoy en día.
“Atiende a la raíz y desocúpate de las ramas porque algún día éstas
crecerán naturalmente. Si careces de una base sólida, ni siquiera el estudio
más concienzudo te permitirá recoger los frutos.” (maestro Yangshan, “La
esencia del Zen”, Thomas Cleary)
Las cuestas con sombra y rodeados de vegetación siempre nos parecen menos pesadas.
Vemos frente a nosotros el Barrio La Molina, por donde pasaremos en breve.
La subida también la hacemos máss llevadera disfrutando de pequeñas obras de arte que nos ofrece la naturaleza, como estas bellas flores del escaramujo o rosal silvestre.
Tampoco se nos escapan tiernas imágenes que nos ofrecen los animales; como la de esta potra y su potrillo. Enternecedor, ¿no?
Entramos al Barrio La Molina que rodeamos por la izquierda.
"Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…"
Juan Ramón Jiménez
Saliendo del barrio, un gato repantigado nos llama la atención.
Ya sobrepasado el pueblo, el antiguo lavadero, que parece ya en desuso.
Desde el Barrio La Molina, kilómetro ocho aproximadamente, comenzamos una subida bastante más fuerte que la que nos ha atraído hasta aquí.
Aunque en mucho menor número, también vimos en algunos prados rebaños de ovejas.
"Ni ovejas blancas
ni perro
ni cayado ni amor tienes.
Pastor que vas.
Como una sombra de oro
en el trigal te disuelves.
Pastor que vienes."
Federico García Lorca
¡Muuuuuu! nos dijo una vaca. No entendimos lo que nos quiso decir.
¡Mirad qué subidita y a pleno sol! Pues la subimos.
Desde luego, la etapa está haciéndose dura, pero el entorno natural vale la pena.
La dura subida va dispersando al grupo, como sucede en las rondas ciclistas de montaña.
El camino para nosotros termina aquí porque el camino se desvía a la derecha. Y justo nos encontramos esta charca, "la Turba" algo dificultosa de cruzar si no quieres descalzarte. Vamos esperando que vayan llegando los integrantes del grupo que van pasando a medida que van llegando tras la fuerte subida.
Mientras llegan, nos vamos entreteniendo con el croar de las ranas e intentar descubrir alguna.Alguna encontramos como la de la foto.
"¡Rana, empieza tu cantar!
¡Grillo, sal de tu agujero!
Haced un bosque sonoro con vuestras flautas. Yo vuelo hacia mi casa intranquilo."
Federico García Lorca
A veces hemos de utilizar técnicas poco ortodoxas.
Superada la charca nos queda aún una fuerte subida hasta la Collada.
Subida con gran pendiente y poca sombra. Las fuerzas menguando.
Algunas zonas las encontramos embarradas y dificultan el caminar.
La altura que vamos alcanzando nos permite disfrutar de excelentes vistas hacia el valle.ç
La subida hacia la Collada es fuerte. Nuestras piernas, nuestros pulmones y nuestro corazón lo notan.
Alcanzamos la Collada.
Ahora recorreremos un tramo más o menos llano, lo que agradecemos después de la fuerte subida.
Esta vaca o toro, que no lo sé, se preguntaba cómo era posible que alguien le molestara con lo tranquilo que estaba. Lástima no llevar un capote para darle unos pases.
Encontramos la Collada con manadas de vacas y caballos, además de un suelo embarrado y con muchos excrementos.
Pero disfrutamos de un paisaje inmejorable que no se paga con dinero. Hasta aquí sólo se llega con nuestro esfuerzo y voluntad. Eso produce satisfacción y nos ayuda a sobrellevar el cansancio. Vale mucho la pena. Al fondo, vemos cumbres nevadas de Picos de Europa.
"!Aire! ¡más luz, una planicie verde
y un horizonte azul que la limite,
sombra para llorar cuando recuerde,
cielo para creer cuando medite!"
Manuel Gutiérrez Nájera
Desde nuestra atalaya vemos en el valle la población de Los Corrales de Buelna.
Las vacas nos vigilan.
A veces el camino no es lo que nos gustaría y hemos de sortear los obstáculos que van surgiendo.
En el cielo sobrevuelan rapaces que no distinguimos. Sean águilas o buitres tal vez están al acecho de una posible víctima. El calor y el esfuerzo va haciendo mella en los integrantes del grupo.
Seguimos cresteando por la Sierra de Quintana. ¿Veis el camino a seguir?
Pues os digo que es duro.
Llegamos a un cercado, lo cruzamos y seguimos de frente.
Vamos por una braña y bordeamos una antena de telefonía.
En el fondo el Valle de Buelna. distinguimos el polígono industrial de Los corrales de Buelna y la pequeña localidad de Rivero.
Apenas superada la antena bordeamos un cercado por la derecha y avanzamos paralelos a él.
En el kilómetro dieciséis setecientos llegamos a una hoya con una bajada impresionante y una subida espectacular. Es en la bajada donde podemos tener algún problema si no lo hacemos con la debida prudencia. Se trata de una fuerte y vertical bajada con mal terreno para pisar, con un surco estrecho y profundo que vamos evitando a cada paso lo que dificulta la bajada. Tal vez buscar un zigzag sería una solución menos peligrosa. En la bajada un compañero sufrió un percance. Salvado el mismo, continuamos el camino. Bostronizo nos espera y la fatiga es grande. La sed también.
En la foto no se aprecia muy bien lo vertical de la bajada. Pero si os dais cuenta en la parte superior de la foto hay un punto blanco. Es Alberto.
Y en esta otra foto vemos el fondo de la olla y la subida que nos espera después. Tampoco hace justicia la foto con la verticalidad de la subida.
En el fondo de la hoya unas vacas pastaban ajenas a todo lo que ocurría a su alrededor.
No somos expertos en setas, sólo sabemos que todas son comestibles al menos una vez. Pero ésta nos llamó la atención por el brillo metálico que tenía.
Ahora toca subir casi por una pared vertical. Con pasos quedos y paciencia los uperaremos.
“Ascender por pendientes empinadas requiere paso corto al
principio.” (Willian Shakespeare)
Una vez alcanzada la parte alta de la subida, nos detenemos para recuperar el aliento que casi perdemos del todo y nos volvemos para ver por donde hemos bajado.
Otro hongo con extraña forma que nos llamó la atención.
Tras la fuerte subida seguimos un corto sendero que transcurre por la ladera de la montaña llaneando.
Las señales del camino no son muy visibles y les hace falta un repaso.
El sendero sube levemente y se introduce en un precioso y mágico bosque de hayas y robles.
Espectacular bosque que nos dejó boquiabiertos, además de que agradecimos la sombra que nos ofrecía.
"Con las manos juntas,
en la tarde clara,
vámonos al bosque
de la sien de plata."
Jaime Torres Bodet.
Saliendo del bosque encontramos esta monumental haya. Se le denomina el árbol del peregrino.
Desde el bosque ascenderemos y recorreremos un cordal con subidas y bajadas pasando por las cimas de La Garmia, Coturio y Cotero de la Lomba. Aunque el camino transcurre por brañas se hará pesado por el perfil de tobogán con constantes subidas y bajadas, con pendientes que dado el kilometraje que llevábamos, el cansancio acumulado, el calor y la sed fueron muy duras.
En el fondo del Valle Villasuso y Cotillo.
Mirad que vista más bucólica. Todo este terreno tenemos que recorrer.
Y desde allí arriba venimos.
Aquí podemos ver los desniveles que vamos salvando.
Vacas y más vacas pacen a sus anchas sin incomodarles para nada nuestro paso sigiloso por allí.
Tras tantas horas caminando, el calor pasado, la sed que llevamos y las piernas cansadas vemos a lo lejos Bostronizo. Aún nos queda un buen rato hasta llegar allí.
Los caballos tampoco se perturban por nuestra presencia.
Hemos perseguido con nuestra cámara a muchas mariposas esperando que se posaran para captarlas, pero no ha habido suerte. Sólo lo hemos podido hacer con ésta. Se trata de una bonita mariposa de la ortiga u ortiguera (Aglais urticae)
Una larga pista en descenso nos conduce a Bostronizo.
Dejamos el terreno herboso para salir a esta pista que nos conduce definitivamente a Bostronizo.
Como no podía ser de otra manera, antes de entrar a Bostronizo también vemos vacas. A esta hora y con el calor que hace, ya están descansando.
Últimos metros.
Es poste de madera nos dice que ya hemos llegado.
Entrando a Bostronizo. La etapa se nos ha hecho eterna.
Finalizamos en el Albergue Casa de Maestros, donde Patricia nos atendió muy bien y supo tener paciencia por nuestra tardanza. Se lo agradecemos de corazón después de un día tan duro.
Nuestra habitación y nuestras literas.
Unas sabrosas lentejas y un estupendo plato combinado saciaron nuestro apetito.
Tras la ducha y el correspondiente descanso algunos miembros se dieron una vuelta por el pueblo. Otros nos quedamos descansando. Luego vino la cena. Cenamos muy pronto porque la etapa de mañana era muy larga, treinta y un kilómetro, y tendríamos que madrugar.
Y aquí nos veis dispuestos a cenar. Nuevamente Patricia y Patricianos prepararon una estupenda cena que disfrutamos mucho.
Una crema de calabacín, un contramuslo de pollo y un espectacular flan de café fueron el menú de la cena. ¿Se puede pedir algo más?.
Y aquí terminó la segunda etapa, que comprobamos a posteriori, que sería la más dura de todo el camino.
Nueva etapa que nos ha convertido un poco más en peregrinos y que nos ha permitido respirar otros aires de los que hemos extraído el perfume del sentir de otras gentes ajenas a nuestra realidad.
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