Seguimos camino siempre rodeados de hierba.
¡Mirad qué rosal tan precioso! ¿No creéis que vale la pena detenerse un instante en contemplarlo?.
Pues yo, sí.
¡Vaya hermosura!
¡vaya el color!
rojo manso y rojo bravo
rosa y clavel reventón.
Cuando los verdes se rinden,
él salta como un campeón.
Otro caracol parece haber iniciado también su etapa. ¿O huye de algo?
Nos reconforta ver de vez en cuando alguna señal que nos refuerza que vamos por buen camino, aunque...“Sabía que los grandes viajeros nunca siguen las huellas marcadas.”
(Martín de Châtillon, “El peregrino” de Jesús Torbado)
Cruzamos ahora el río Besaya.
Y entramos en Arenas de Iguña. En esta población hay bares, tiendas y supermercados que nos pueden aprovisionar si necesitáramos algo. Aunque a la temprana hora que hemos pasado nosotros estaba todo cerrado.
Pasamos junto a este monolito levantado en homenaje a "las víctimas de las injustas guerras".
Pasamos por debajo del puente que soporta las vías del tren.
Vamos saliendo de Arenas de Iguña. En esta rotonda cogemos la carretera CA-805.
Apenas llevábamos cuatrocientos metros por la carretera vemos a nuestra derecha este palacete que nos recuerda los que vemos en las películas inglesas. Fue diseñado por un arquitecto inglés, tal vez sea ese el motivo. Se trata del Palacio de los Hornillos, situado en Las Fraguas.
Justo a la otra parte del palacio vemos este edificio que nos recuerda al Partenón. Fue mandado construir por los dueños del Palacio como capilla y donado después al pueblo de Las Fraguas para ser utilizado como iglesia. En la actualidad es la iglesia de San Jorge.
En este punto dejamos la carretera para seguir un camino rural, hacia Cohiño.
Frente a nosotros vemos el viaducto de Pedredo, por el que pasaremos en breve.
Pasamos por el colosal viaducto por el que transcurre la autovía Cantabria-Meseta.
Seguimos ahora por un bonito camino rural .
"Yo he visto mi alma en sueños...
Era un desierto llano
y un árbol seco y roto
hacia el camino blanco."
Antonio Machado
El camino transcurre paralelo al río Los Llares o Valdeiguña. en este punto lo cruzamos y comenzamos una subida de casi dos kilómetros.
Al principio la subida es llevadera.
El esfuerzo de la subida aún es soportable y nos deja pensar en nuestras cosas.
“Avanza con resolución y alcanzarás la verdadera paz. Cuando no puedas
ser calificado como sabio ni como persona ordinaria, serás igual que el pájaro
liberado de su jaula.” (maestro Yuanwu, “La esencia del Zen”, Thomas Cleary)
Fijaos que en poco tiempo y distancia hemos alcanzado cierta altura.
"La rama de los astros se estremece en la altura,
movida por el viento de la eterna armonía,
y el silencio murmura
su vaga poesía."
Pedro Miguel Obligado
El camino aumenta en desnivel y se estrecha.
En el último tramo el sendero está muy cerrado y tiene tramos con barro. El esfuerzo es importante.
Esta mata de flores de jara negra, aunque parezca una tontería, minimizó el esfuerzo de la subida.
"Ponte
de blanco, Blanca, para
ver en el monte la flor de la jara.
Flor de la jara, que hoy floreces
blanca, estrellada de carmín
a la mañana, ¡cuántas veces
te he recordado en mi jardín!"
Juan Ramón Jiménez
El sendero no parecía acabar nunca, pero finalmente llegamos a una cancela, que salvamos y salimos por fin a la carretera. Ahora seguiremos hacia la izquierda por esta pista que nos llevará hasta la ermita del Moral durante dieciséis kilómetros.
Una larga pista con escasa sombra nos espera. Vamos allá.
A pesar de lo anodino que pueda parecer caminar por pista, disfrutaremos de bonitos ejemplares de robles que amenizarán la marcha.
Pasamos por un mirador, el de Santa Ana, con este panel que nos muestra lo que vemos en el horizonte.
Aunque escasos, menos mal que algún tramo de sombra aplaca nuestro calor.
La pista va subiendo poco a poco, pero se va notando en nuestras piernas.
Otro elemento que alivia la monotonía de la pista son las excepcionales vistas que la altura nos proporciona.
Vamos encontrando, aunque escasas, señales del camino.
Inevitable en este tramo la presencia de nuestra sombra, compañera silenciosa en nuestro camino.
"La sombra manda a mi cuerpo
reflejos de cosas quietas.
Mi sombra va como inmenso
cínife color violeta."
Federico García Lorca
Empezamos a ver babosas de tamaño considerable.
Hay tramos que son verdaderamente duros por el desnivel y el sol que nos pega de lleno.
Llegamos al collado de Brenes, recibidos por una manada de caballos.
Este hito marca el inicio de un Camino Forestal que nos lleva hasta la ermita del Moral.
El paso por la pista está limitado a peatones, jinetes, ciclistas y vehículos autorizados.
Algún abrevadero nos sirve para refrescarnos y mojar nuestras gorras. Eso ayuda a aliviar el calor agotador que se suma a los kilómetros que ya llevamos.
En este punto una numerosa manada de vacas ocupa todo el ancho del camino. No estamos acostumbrados a estas cosas y nos da algo de yuyu.
A medida que nos vamos acercando, ante la mirada ingenua y algo atónita de las vacas, nos abren camino y vamos pasando, aunque con un nudo en la garganta. Y eso que viene con nosotros Paco Pastor, que algo de ganado debe saber, ¿no?
Pasado el trámite, seguimos el camino. En este tramo con vegetación afloran pensamientos.
“Él era hombre de inacabable visión y de amplios mundos. No era hombre
de rincón, sino de orbe, no era hidalgo de patio, sino patricio de logia
pública, y le sentaba mejor un mal camino, pero largo, que los cortos
corredores de un palacio, y mucho más feliz estaba en campo abierto y pobre,
que en estancia cerrada y bien repostada.” (bachiller Sansón Carrasco en “Al
morir Don Quijote” de Andrés Trapiello)
Junto al camino encontramos el refugio El Tornillo. No nos acercamos para ver su estado.
Seguimos ¿incansables? hacia nuestro destino.
Otro abrevadero que alivia nuestros calores.
En este punto, junto a este recinto de madera, hacemos un giro hacia la izquierda.
Poco alentador ver el camino que tenemos por delante. Las fuerzas van menguando al tiempo que el calor va aumentando.
En el Alto del Moral encontramos este poste que marca por aquí el paso de los participantes en la prueba de la ultramaratón de "Los 10000 del Soplao". Es una prueba de trail que se celebra anualmente en Cantabria a finales de mayo y que parte de Cabezón de la Sal. Este año se celebraba la edición número XV justo el día siguiente.
Ya vemos la ermita del Moral, rodeada de vacas y caballos.
(foto de Miguel Banacloche)
Llegados a la ermita, posamos par la posteridad en la ermita. No estuvimos mucho tiempo por allí porque el calor era inhumano.
Oficialmente la ruta acabaría aquí, para seguir en la siguiente hasta Los Tojos. Esto supondría tener que pasar aquí la noche. No nos pareció que las condiciones para ello fueran las más adecuadas porque esta ermita no tiene ningún tipo de servicios, ni agua siquiera. Por ello, buscamos una alternativa que fue la de llegar hasta Bárcena Mayor, donde podríamos encontrar alojamiento y comida.
Así pues, seguimos camino. Estamos en el kilómetro veinticuatro y aún nos quedan casi siete. Vamos algo justos de agua.
Dejamos atrás la ermita del Moral. Esa carpa correspondía seguramente a un punto de avituallamiento para el ultramaratón del día siguiente.
Desde la ermita aún nos quedan algo más de dos kilómetros para abandonarla.
La dejamos para seguir un sendero por la derecha que nos dejará en Bárcena Mayor. Este tramo, hasta la entrada en un bonito bosque, es muy incómodo de caminar porque muchos regatos lo cruzan formando tramos con barro y agua que nos obliga a mirar dónde y cómo pisamos, ralentizando mucho la marcha.
Siempre nos llaman la atención las solitarias florecillas en lugares inhóspitos, como es el caso de esta bellísima flor de diente de león que con ese amarillo chillón atrajo nuestra mirada hacia ella. Siempre pensé que la belleza natural no requiere de aditamentos ni añadidos.
"Mi labio, está dolorido...
tiene una herida adorada.
Mira: esa flor... me ha mordido."
Julio Flórez
El sol cae de manera implacable y nos queda muy poca agua. Llevamos veintisiete kilómetros en nuestras piernas y muchas ganas de terminar. ¿Qué puede pensar alguien en estas circunstancias?
"Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;"
Quevedo
Entramos en un precioso hayedo. Pero no siempre lo bello es lo ideal.
A los pocos metros, en un claro del bosque, llegamos al Collado de Domesmes. En este punto enlazamos con un tramo del GR-71. Hacia la izquierda, siguiendo el GR llegaríamos al Alto de La Guarda a 1086 m. de altitud. Pero nosotros seguimos de frente el GR para llegar a Bárcena Mayor.
Volvemos a introducirnos en la maraña del bosque.
Y aquí os cuento porqué no siempre lo bello es lo ideal. En este caso, el sendero que cruzaba este precioso bosque, presentaba mucha agua por la presencia de regatos que formaba barro y hacía que las piedras estuvieran resbaladizas y obligaba a ir con pies de plomo para ver dónde podías pisar sin hundir la bota hasta los tobillos y no caer.
Tal vez esto forme parte de su belleza natural, no lo ponemos en duda, pero para caminar por su interior es muy incómodo.
Aún así, disfrutamos mucho con ejemplares como el de la foto, que nos dejan epatados.
"Érase un verde bosque de eterna primavera,
y érase un niño iluso que vagaba al azar...
El niño entró en el bosque siguiendo una quimera;
entró en el bosque... Y nadie lo ha visto regresar."
José Ángel Buesa
Ansiosos por llegar debido al cansancio por los kilómetros andados, por el calor excesivo, por la sed...veíamos que nos quedaba relativamente poca distancia y no veíamos el final del bosque ni asomo de Bárcena Mayor. Y nos preguntábamos porqué.
Al fin, a escasos seiscientos metros de terminar la ruta oteamos algún tejado de lo que suponíamos era Bárcena Mayor.
Pero aún tuvimos que pasar por un bonito corredor de tupida vegetación para salir al pueblo.
¡Por fin entramos en Bárcena Mayor!
Bárcena Mayor es un precioso pueblo de casas de piedra y techos de teja. Uno de los más bonitos de Cantabria y de España. Apenas algo más de cincuenta habitantes lo pueblan. Su encanto es inversamente proporcional a su número de habitantes. Había valido la pena buscar esta opción para finalizar la etapa. Sino no habríamos conocido este pintoresco pueblo.
"Por fin trajo el verde mayo
correhuelas y albahacas
a la entrada de la aldea
y al umbral de las ventanas."
Antonio Machado
Nuestro alojamiento en Bárcena Mayor "Posada Reserva Verde", donde fuimos atendidos estupendamente por Paloma.
Esta fue nuestra habitación, el descanso del guerrero.
En el restaurante La Solana comió el grupo. En mi caso, tras hidratarme convenientemente, preferí descansar a comer y me fui directamente a la posada.
Ya convenientemente descansados y camino de la cena, paseamos por este típico pueblo muy turístico y con mucho encanto que vale la pena visitar.
Junto a la posada teníamos la iglesia de Sant María. Como tantas otras que encontramos, estaba cerrada lo que nos impide ver su interior.
También visitamos su lavadero historiado con figuras de tamaño natural representando una escena típica de cuando era utilizado por los vecinos.
También pudimos pasear por sus silenciosas y típicas calles llenas de encanto.
Rincones preciosos allá por donde paseábamos.
El río Argoza baña el pueblo y recorre el valle que lleva su nombre.
Cenamos en el espectacular restaurante Mesón Río Argoza, con este bonito comedor mirando al río y al puente de piedra que lo cruza.
Comimos muy bien y pasamos un rato agradable.
La cena puso punto y final a un día duro, con una etapa muy larga, con mucho desnivel y un calor sofocante, pero que nos gustó mucho.
Esta etapa corroboró todo lo que comenté en el encabezamiento en el sentido que hemos tenido una aventura, una huida, una búsqueda, un alejamiento y un acercamiento a la vez. Todo ello conforma el día a día de este Camino Medieval Lebaniego tan bello, tan solitario y tan místico.
Nos preparamos para la etapa de mañana.
Pincha en el enlace para ver las fotos de la etapa.
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