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lunes, 10 de junio de 2019

LA PEÑA JULIANA (8/6/2019).

Cuando subimos a Peñascabia allá por el 2012, nos quedamos prendados de la Peña Juliana. Y han tenido que pasar más de seis años para que, por fin, podamos rendir pleitesía a tan preciosa montaña. Esta es la crónica de la atractiva ruta de subida a esta singular peña.

La ruta comienza en Arteas de Arriba, aldea de Bejís a unos seis kilómetros de esta población. Se accede a ella por una estrechísima carreterilla que parte del acueducto de Bejís. Esta bucólica pedanía está enclavada entre las estribaciones de la sierra del Toro y la sierra de Andilla. 


Arteas de Arriba desde la carretera (foto de Emilio Romero).


Llegamos a la aldea y nos recibe el silencio y la calma. 
Nada parece enturbiar la paz que aquí se respira.


Dejamos el coche donde nos parece que molesta menos (luego un vecino nos indicaría que la próxima vez no lo dejáramos allí porque molesta). La aldea no da para mucho en el tema de aparcar, aunque luego vimos que la antigua era hace ahora la función de aparcamiento.


Nos informamos también de dos senderos homologados que pasan por aquí. Se trata del PR-CV 273 (Resinero-Peñas del diablo) del que haremos un tramo y el SL-CV 55 (Fuentes de Arteas).


El GR-7 también pasa por aquí. Esta señalización nos lo indica. También nos marca la altitud de Arteas, casi mil metros, que no está nada mal.


La preceptiva foto de grupo.
De izquierda a derecha: Pedro, Rafa Lafuente, Rafa Sornosa, servidor y Emilio Romero (foto de Emilio Romero ).


Nos ponemos en marcha enseguida subiendo por una calle del pueblo (foto de Emilio Romero).


El cielo aparece gris. Tal vez nuestros pensamientos también lo estén.
A veces, el estado del tiempo se corresponde perfectamente con nuestro estado de ánimo.¿Casualidad?



Alcanzamos cierta altura sobre la aldea y vemos la antigua era reconvertida ahora en aparcamiento de los vecinos que vienen a pasar el fin de semana.



Hemos de salir a un camino y para ello pasamos antes por unos campos abandonados y llenos de hierba que parece que nos despistan un poco, pero enseguida encontramos el sendero adecuado que nos llevará hasta allí.


Salimos a la pista y giramos a la izquierda. Enseguida encontramos este cruce con el poste direccional. Yendo por la derecha, llegaríamos a Arteas de Abajo por el SL-CV 55 que no seguiremos. Seguimos pues de frente por el PR-CV 273 .




Pocos metros después del cruce anterior, obviaremos este sendero de la derecha que será por el que vendremos a la vuelta (Obviamente, si quisiéramos hacer la ruta en sentido contrario a como aquí la explico, nos iríamos por aquí).


Las cerradas nubes tapan la caliza cima de la Peña Juliana y nos impiden ver con nitidez su perfil.
Tememos que de seguir el tiempo así la visibilidad desde arriba será nula. Eso nos intranquiliza un poco.


Una enorme piedra ha caído y casi obstruye el camino.


Encontramos en el camino esta serpiente muerta a medio comer por algún carnívoro.



No es preciso conocer el nombre de estas florecillas silvestres (tal vez sea achicoria silvestre) para saber que nos gustan, que nos enamoran, que producen en nosotros, con su belleza y serenidad, una cierta emoción al darnos cuenta que lo bello poco o nada tiene de artificial.


Las genistas dan mucha luz y colorido en esta gris mañana


Multitud de ramos como este poblaban el monte, dándole un aspecto de adorno ceremonial.


Caminar sereno, tranquilo, animado...


Nuestro objetivo sigue oculto, aunque parece que tímidamente se vayan alejando las nubes.
 No así en nuestra cabeza.


Parada y vistas al horizonte que nos hace reflexionar. Siempre reflexionamos.


Por ejemplo, muchas veces me pregunto por qué me encuentro más a gusto en la montaña, con pocos y buenos amigos, que en la urbe, populosa y llena de ruido, aceleración, impersonalidad, malos modos...Aquí me siento tranquilo, sereno,¿feliz? (feliz es una palabra con mayúsculas, hay que pronunciarla con cuidado). Noto que no necesito mucho más para estar bien conmigo mismo.


En parte agradecemos que el sol no haga acto de presencia.
La temperatura y las nubes dulcifican el caminar. Con sol lo pasaríamos peor.


Cojín de monja o asiento de pastor. Su presencia es sintomática del tipo de suelo y del tipo de clima: suelos calcáreos entre 900 y 1800 m y climas fríos con fuertes vientos.


Mientras buscamos la subida a la Peña Juliana, Peñascabia se deja ver.


Seguiremos el sendero de la izquierda que nos dejará en la base de una bonita y entretenida vaguada, más estrecha al principio y que se ensancha después que nos llevará hasta la parte superior de la Juliana.


Nos acercamos poco a poco a la base de la vaguada.


Ya estamos en ella.


En algún punto nos ayudamos de las manos para impulsarnos.


¡Venga, vamos para arriba, que esto no es nada!


De abajo para arriba.


Desde arriba para abajo.



Salvado ese pequeño canal, el terreno se abre y nos encontramos con un mar de coscojas.


Ahora tendremos que navegar entre ellas e ir buscando el mejor paso para seguir la subida.
Algún hito ayuda, pero hay que estar atento.


Encontraremos preciosos pinos, modelados por los fuertes vientos y el frío que seguro hace por estas alturas.


Llegamos a un collado ya libre de coscojas y seguimos a la derecha a buscar el punto más alto de la Juliana, su cima norte.


Hacia la cima. 


En ese punto nos detendremos, junto a ese hito. Será el punto más alto de la ruta de hoy.
Las cimas nos satisfacen porque representan el esfuerzo hecho realidad, el sueño cumplido, objetivo conseguido...Intentaremos siempre llegar a la cima a pesar de las dificultades y los esfuerzos que eso pueda suponer.


Lo malo era que no podíamos disfrutar del todo de las vistas. Un mar de nubes nos rodeaba e impedía esa visión.


Aunque algún tímido rayo de sol asomaba manchando la ladera de la montaña de enfrente y nos hacía albergar esperanzas de que el cielo se despejara.



Asomados al abismo. 



Y foto cimera: objetivo conseguido.


Nos tocaba reponer fuerzas. Como siempre, no nos faltó de nada (bueno, de casi nada. Siempre hay algo que nos falta).


Entre la neblina, distinguimos vagamente Torás.


Levantan las nubes poco a poco...


...y nosotros también levantamos el campamento.


Ahora iremos caminando por la loma de La Juliana. Recorreremos su espina dorsal y nos acercaremos al borde para disfrutar de las vistas sobre el barranco del Resinero y sobrecogernos con su altura.
Llegaremos hasta su cima sur para después ir bajando poco a poco hasta el camino de la Juliana.



Caminaremos por la loma, pero haremos acercamientos al borde cuando nos parezca para disfrutar del paisaje, ahora que las nubes se está marchando.


Nos asomaremos enseguida. Antes haremos alguna anotación en la ruta (foto de Emilio Romero).



Disfrutando de la altura (foto de Emilio Romero).


Mirando hacia abajo en uno de los múltiples canales que bajan hasta el valle.


Vistas hacia el camino de la Juliana, en el que estaremos dentro de poco.


Las genistas amarillean la loma dándole un colorido vivo y muy atractivo al suelo.
Nos maravillan las flores. Se dejan querer.



Aquí marcamos en el track la punta de la cima sur: Lomas de la Juliana.



Seguimos por la espalda de esta preciosa montaña que, por fin, hemos tenido ocasión de conocer.



Hacia el oeste, la Salada con los restos de lo que fue una base de comunicaciones del ejército de tierra ya desmantelada.


Seguimos nuestro descenso.


Y echamos la mirada atrás en muchas ocasiones para disfrutar de lo que ya hemos andado.


Nos acercamos a los bordes y nos atrevemos a asomarnos, siempre con mucha precaución, a las rocas más espectaculares (foto de Emilio Romero).


Rafa y Pedro en pleno disfrute montañero.



La loma presenta ondulaciones y lo mismo subimos...



...que bajamos.



Esta telaraña es una de las muchas que vimos paseando por la loma de la Juliana. La sorteamos sin pisarla y nos entretuvimos en fotografiarla porque nos encantan las arañas. Pero en ningún momento se nos ocurrió interferir en su estado.
Comparo en muchas ocasiones en mis entradas caminar por la montaña con caminar por la vida. Para mí tienen un claro paralelismo en muchos aspectos.
En la montaña, intentamos pasar sin molestar ni destrozar a los que allí viven. No nos han hecho nada y no deben sufrir por nuestro paso por allí. Lo respetamos todo. En la vida intentamos hacer lo mismo, interferir lo menos posible en la de los demás, respetarlos, no molestar y dejar que la vida siga su curso. Ese es uno de nuestros lemas, pero veo contínuamente que no es el lema de la mayoría de las personas. Será que les falta mucha montaña en sus vidas.



Me hago muy pesado con las flores, pero no hay para menos.
Fijaos qué belleza. En su soledad transmite sencillez, serenidad, imperturbabilidad, silencio, quietud, placidez...Me enamoran. 



Se camina muy cómodamente por la loma.


Junto a este poste salimos al camino de la Juliana. Seguiremos la pista por la derecha.


Seguiremos por la derecha.


Pasamos junto a esta balsa de incendios destartalada.


El cielo se ha despejado y ahora el sol impone su ley, pero nosotros disfrutamos mucho del entorno.


Junto al camino, la fuente del Cantal.


Continuaremos ahora unos cuatro kilómetros por este camino de la Juliana, que iremos bordeando por su base y paralelos al barranco del Resinero.



Y aquí dos bellas florecillas, en apariencia diferentes, pero sin embargo primas: jara negra (izq) y jara blanca (der). Como veis, los nombres no se corresponden con el color de sus pétalos.

Rodeamos la Juliana por su base. Disfrutamos de sus impresionantes paredes.



Junto a la carretera, este poste nos marca también la fuente Pocico.



Algunos buitres también merodeaban por encima de nuestras cabezas.



Marca del PR:CV 273 que vamos siguiendo en este tramo.


Hemos llegado a un punto que hasta las pistas nos gustan. Nos gusta caminar por cualquier camino, senda, atajo, lugar...pensamos que lo que importa es caminar y lo secundario por dónde. Caminando somos nosotros mismos.




Vistas a Peñascabia (a la derecha).



Llegamos al collado de Rosales. El poste estaba caído.
Desde aquí podemos seguir por la pista, pero nosotros queremos hacer un poquito más de desnivel y acometeremos la subida a la loma de las Herradillas, paralela a la pista que vamos a dejar y a la que volveremos una vez bajemos de nuevo.


Subiendo a las Herradillas y echando un vistazo hacia atrás para ver a la Juliana.


La Juliana desde las Herradillas.



Bajando de las Herradillas.


Preciosa la flor del Cardo.
Su color nos atrae. Sus espinas nos detienen.



Enlazamos de nuevo con la pista que dejamos antes, pero por muy pocos metros.


Porque en nada la volvemos a dejar y cogemos este sendero por la derecha que nos dejará en Arteas de Arriba en un periquete.


Es un sendero estrecho y bonito (foto de Emilio Romero).


Otro bichito en el camino nos hace detenernos y contemplarlo con atención, dedicación y asombro.
Nos satisface ver bichitos. Son vida.


Ya tenemos ante nosotros los primeros tejados de Arteas.


Pasamos junto a una casa arruinada antes de salir a la pista.


Y desembocamos en la pista por la senda que obviamos a la mañana.


Seguiremos cien metros aproximadamente por la pista.


Y la dejaremos cogiendo este camino entre campos de almendros que sale a la derecha del camino.


Es un bonito camino que lleva a las antiguas huertas de la aldea.


Nos acercamos a Arteas entre almendros.


Nos encantan las parejas de amapolas. ¿Cómo se habrán conocido?, ¿se habrán enamorado?¿existirá el matrimonio entre amapolas? Preguntas tal vez absurdas pero que me surgen y así las formulo. Si alguien me sabe responder...


Entramos en Arteas por una de sus calles de la parte alta.



Y vemos en esta puerta un ejemplo de convivencia entre pasado y presente, antiguo y moderno, nuevo y viejo...totalmente compatibles ¿no?


Unos últimos metros por sus silenciosas y vacías calles hasta llegar de nuevo al coche.


Y de nuevo en el punto de inicio.


Un sol espléndido luce ahora, pero el silencio y la tranquilidad son casi los mismos que los de unas horas antes; eso sí, interrumpido de vez en cuando por las voces de una pareja que está rehabilitando una de las casas de esta silenciosa y apartada aldea.


No hay constancia gráfica, pero al terminar la ruta, tuvimos la fortuna de disfrutar de unas fresquísimas cervezas que nos supieron a gloria después del calor del último tramo de la ruta. Las cervezas fueron cortesía de Pedro, al cual le agradecemos mucho la iniciativa y le invitamos a que la repita en sucesivas rutas. Ya lo sabes, tienes que venir más a menudo.


Dejamos Arteas en su silencio habitual, que hemos roto durante unas horas, y nos llevamos en nuestro recuerdo y en nuestras retinas unas agradables y bellas imágenes de esta zona agreste, despoblada, silenciosa, serena, mágica, detenida en el tiempo... Y nos vamos con ganas de volver para llenarnos de nuevo de su belleza extraordinaria, su quietud, su silencio, su paz...
Volveremos.
Y ahora, volvemos a tener la misma precaución por la estrechísima carreterilla que nos trajo hasta aquí y que nos llevará a Bejís, para detenernos allí a recuperar las fuerzas perdidas.


Llegamos a Bejís


Ayuntamiento de la localidad.


Olivo centenario frente al Ayuntamiento.



Y el original lavadero debajo de un edificio.



Y buscamos el resturante en el que íbamos a comer, que se encuentra en esta misma calle.
El Tren pita.




Y aquí el menú que yo comí. Ligero, sencillo y buenísimo.


Reponer fuerzas es importante. Con amigos además disfrutamos.



La ruta en el mapa.




La ruta en Wikiloc.



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Película.


4 comentarios:

  1. Disfrutamos de lo lindo en esta ruta cuya belleza y sobre todo paz y tranquilidad nos sorprendió. Hay que preservar estos oasis de la Naturaleza y pequeños núcleos de población. Eso sí, hay que extremar las precauciones en la carreterilla que lleva de Bejís a Arteas de Arriba por su estrechez. Muy buena elección para pasar la mañana del sábado. Un abrazo.

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    1. ¡Hola, Emilio! Cómo disfrutamos del día. Disfrutamos cuando estaba nublado y cuando salió el sol. A primera hora y a última, por sendero y por pista, comiendo en el monte y en el restaurante, y todo en excelente compañía y una zona preciosa que nos maravilló.
      Un abrazo y hasta el sábado en otra nueva aventura.

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  2. Hola Emilio...
    Si te digo la verdad,esta temporada hemos estado a punto de hacer esa preciosa Peña Juliana.La tengo en esa abarrotada agenda...jejeje,desde hace bastante,creo que desde que vi una entrada de Dani Alcala.Luego me la recordó Jose Luis Fos Films y ahora tu,con tu magnifica entrada.
    Sin duda no debo tardar en disfrutar de esa bonita montaña del Alto Palancia.
    Quizá el día algo gris no os dejo disfrutar todo lo que hubierais querido,sobre todo de las vistas,pero como solemos comentar,todos los diferentes estados del tiempo,también tienen su encanto.
    Me encantan tus reflexiones montañeras Emilio.
    Tendremos en cuenta lo del aparcamiento,porque en nuestro caso,seguro que nos juntaremos 3 ó 4 coches.
    Lo dicho,pendiente queda pero para no muy tardar,a ver si para octubre-noviembre que no aprieta tanto el calor.

    Un abrazo.

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  3. Hola Emilio!

    Fantástica entrada esta de La Peña Juliana. No tengo el placer de haberla pisado (aunque he estado varias veces en el Peñascabia). Ahora después de leerte, no me queda otra que dejarle sitio en esa gran "saca" de "pendientes".
    Te agradezco la información sobre el tema del aparcamiento y coincido con Juane sobre tus reflexiones montañeras.
    Cómo siempre... Un gran trabajo Emilio.

    Un saludo.

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