CAMINO DE BAZTÁN, 5ª ETAPA BERROETA - OLAGÜE (19/10/2026)
“Lo
importante del caminar no es llegar, sino el camino que conduce hasta el final,
que es incierto, lleno de dificultades, y que se pierde y se recupera de
nuevo.”(“Los
Caminos de Santiago. Arte, cultura y leyendas” José Fernández Arenas). Nada mejor que esta dura etapa para demostrarnos que lo importante no es el final, sino el camino que, como pasó en esta bella etapa, fue incierto, lleno de dificultades y en el que tuvimos que estar atentos para no perder el rumbo.
El Camino de Baztán es un antiguo camino hoy en día minoritario, pero que en la Edad Media fue tan utilizado como el Camino Francés o el Aragonés. Desde Bayona partían peregrinos procedentes de distintos puntos de Europa o llegados por mar para realizar la peregrinación bien yendo a Irún siguiendo el Camino de la Costa o el Camino Vasco. Otros elegían la vía de Baztán porque los puertos de Otzondo (575 m) y Belate (938 m) son de menor altitud que los de Ibañeta (1430 m) o Somport (1632) y por lo tanto de más fácil acceso. Este camino enlaza en el puente de Arre con el Camino Francés. Empezó a revitalizarse en su parte Navarra en el año 2000 gracias a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Urdax-Baztán, comenzando a marcarse y acondicionar caminos y senderos. El camino puede recorrerse en cinco o seis etapas con un total aproximado de 120 km, de los cuales unos 35 km transcurren por tierras del País Vasco Francés y el resto por Navarra. Es un camino de gran belleza que vale la pena recorrer.
Hemos dividido nuestro particular camino en seis etapas atendiendo a la disponibilidad de alojamiento y sustento y la dificultad de las etapas. También es posible hacerlo en cinco.
Esta quinta etapa es, sin duda, la etapa reina del Camino de Baztán que nos lleva a superar el puerto de Belate de 938 m de altitud. Además de su dureza es tal vez la etapa más bella puesto que varios tramos transcurren por el interior de preciosos bosques de hayas que en nuestro caso debido a la lluvia y la niebla se convirtieron en bosques mágicos que supusieron una delicia para nuestros sentidos. Con lluvia la etapa se endurece, pero lo llevamos bastante bien. Paramos a comer en Lanz, en el bar-restaurante Posada, al calor de la chimenea. De allí a Olagüe sólo quedan cinco kilómetros cómodos. Recomiendo pasar a ver la ermita de Santiago y sellar la credencial.
DATOS GLOBALES DEL CAMINO BAZTANÉS
Total de km recorridos: 121,10 km Desnivel positivo: 3010 m Desnivel negativo: 2563 m Tiempo en movimiento: 23 h 38 min Tiempo total: 36 h. 11 min
DATOS DE LA 5ª ETAPA
Total km: 22,61 km Desnivel positivo: 973 m Desnivel negativo: 792 m Tiempo en movimiento: 3 h 56 min
Tiempo total: 8 h 16 min
Hoy nos toca madrugar (como casi todos los días) porque tenemos por delante una dura y larga etapa. No en vano se la considera la etapa reina del camino. Hemos de superar el Puerto de Belate de 938 m. de altitud, esfuerzo agravado porque nos vamos a encontrar con un día lluvioso y con niebla que entorpecerá la marcha y nos privará de disfrutar del paisaje. Pero al buen hambre no hay pan duro y disfrutaremos de la magia y el misterio que la lluvia y la neblina confieren a los bosques por los que vamos a transitar.
Antes de las siete ya estábamos desayunando opíparamente como vemos en la foto gracias al desayuno que nos preparó Andion.
A las siete y media salíamos para iniciar la etapa. Es noche cerrada en Berroeta. Reina el silencio y la calle está mojada. La lluvia empieza a caer.
"Mi verdad se pierde en la noche:
¡no tengo noche ni verdad!"
Pablo Neruda
Iniciamos la marcha con nuestros chubasqueros y ponchos contra la lluvia, que no cesará en todo el día.
De los primeros dos kilómetros y medio no hay ninguna foto debido a la oscuridad.
La primera medio decente es ésta de la entrada al pueblo de Almandoz gracias a las farolas que alumbraban el camino.
Aunque con dificultad, el incipiente amanecer nos permite ver la situación de los alrededores que nos confirman que el mal tiempo nos va a acompañar durante toda la jornada.
Únicamente nuestras pisadas sobre el suelo mojado rompen el silencio de las calles de Almandoz.
"¿Qué le pasa a una música,
cuando deja de sonar; qué
a una brisa que deja
de revolar, y qué
a una luz que se apaga?
Muerte, di, ¿y qué eres tú sino silencio,
calma y sombra?"
Salimos de Almandoz pasando por delante de su iglesia de San Pedro.
Pocos metros después pasamos por el Palacio Galtzaga del S.XVIII.
Y salimos a la antigua carretera nacional y la seguimos un tramo hasta esta curva donde la dejamos por un camino que sale a la derecha como vemos indicado en la flecha del quitamiedos.
Seguimos ahora en subida por un camino de tierra.
Las vacas han comenzado también su actividad diaria.
Cruzamos este paso inferior bajo la carretera nacional que acabamos de dejar.
Tras cruzar el paso inferior seguimos unos cincuenta metros y cogemos un camino de tierra que sale por la derecha.
Transitaremos algo menos de un kilómetro por un tupido y bonito bosque de hayas.
Y saldremos de nuevo a la nacional que seguiremos otros doscientos metros.
Dejamos de nuevo la carretera y nos introducimos en un profundo y silencioso bosque en el que
nos guiamos con las flechas amarillas que vamos buscando y viendo en los troncos de los árboles.
Debido a la falta de luz , la tupida vegetación, la lluvia y la niebla éste es el aspecto misterioso que presenta el bosque.
"Va a llover... Lo ha dicho al césped
el canto fresco del río;
el viento lo ha dicho al bosque
y el bosque al viento y al río."
Jaime Torres Bodet
Salimos nuevamente a la carretera nacional. Seguiremos con cuidado por su arcén doscientos metros.
A unos cien metros de salir a la carretera pasamos por delante de la Venta de San Blas. Hubiera sido un buen lugar para desayunar de no haberlo hecho en Berroeta. Además el tiempo nos apremiaba porque teníamos aún más de dieciséis kilómetros por delante, que con este tiempo nos iban a costar más.
Apenas pasada la Venta de San Blas, en la curva, dejaremos la carretera para seguir por un sendero en fuerte subida que transcurre por el interior de un fascinante bosque, aún más fascinante por las condiciones atmosféricas.
Con ganas, esfuerzo y constancia todo se sube. (foto de Miky)
Este fantasmagórico aspecto presentaba el bosque.
Avanzábamos un tanto penosamente debido al resbaladizo y embarrado terreno. Pero el espectáculo valía la pena.
Seguía lloviendo, pero nuestros ojos se impregnaban de sensaciones muy especiales, casi mágicas en un ambiente que destilaba misterio y magia invitando a la reflexión personal.
“Nos miramos en un espejo, y con
ser espejo, la mayor parte de las veces no quedamos a gusto de lo que vemos, y
no por ello lo rompemos. Si lo hiciéramos obraríamos como grandes botarates.”
(Sancho en “Al morir Don Quijote” de Andrés Trapiello)
Intentamos mirar hacia el interior del bosque entre la espesa niebla para intentar ver si elfos, hadas, gnomos o duendes nos vigilan a nuestro paso. Pero nada vemos, tal vez sí los intuyamos.
Seguimos caminando bajo la incómoda lluvia. Pero hacer el camino supone adaptarse y aceptar todo aquello que va surgiendo porque eso es el camino.
Nada hay más gratificante que transitar por parajes así. Únicamente con nuestro esfuerzo caminando podemos conocer entornos tan maravillosos.
Visibilidad escasa y un ambiente algo tétrico y misterioso nos envolvía.
Pasaremos por tramos empedrados como el de la foto típico de los caminos medievales como éste.
Más o menos en este punto alcanzamos los 938 m de altitud, la máxima altura del camino. Estamos en el kilómetro nueve y medio aproximadamente. Nos mantendremos en esa cota casi un kilómetro más hasta la ermita de Santiago
Seguimos caminando viendo apenas lo que tenemos delante de nuestros ojos. No vemos más allá.
Eso produce una sensación de incertidumbre y cierta lástima porque nos impide disfrutar más ampliamente del paisaje.
Seguimos dirección a la ermita de Santiago sin ver el paisaje que nos envuelve. Oíamos ganado pero no podíamos verlo. La niebla lo envolvía todo.
Llegamos a una encrucijada marcada con este poste que enlaza con el GR 12 que seguiremos aproximadamente unos quinientos metros. Pero antes nos desviamos para visitar la ermita de Santiago.
La ermita está cercada y se accede a ella salvando la cancela por unos escalones de madera.
Fue reconstruida en 2016 gracias a la Asociación de Amigos del Camino de Baztán y el Ayuntamiento de Almandoz. Tiene un pequeño porche que puede servir de refugio en días como hoy. Pero no es esa nuestra intención, sino sellar la credencial e intentar ver su interior.
Esta vidriera con el apóstol deja entrar algo de luz en el porche.
Éste es el interior de la ermita. Preside el altar una imagen en piedra del apóstol.
Sobre una rústica mesa de madera se encuentra el cuño. Éste es el sencillo pero bonito sello que estampamos en nuestra acredencial.
Desde la ermita viene una bajada en zigzag pero algo técnica por el tipo de terreno con piedra suelta y resbaladizo y mucho más con la lluvia que cae. Hemos de bajar con cuidado. A partir de aquí dejamos el valle de Baztán y pasamos al de Ultzama.
En cualquier camino, por muy acompañado que vayas, hay momentos para todo y siempre encuentras momentos de soledad y recogimiento contigo mismo.
"Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme;
después de tanto mal, no arrepentirme;
tras tanto engaño, no desengañarme;
después de tantas penas, no alegrarme;
y tras tanto dolor, nunca reírme."
Francisco de Quevedo
Con meditaciones o sin ellas nuestro camino sigue, como sigue la lluvia que apenas ha amainado en algún momento.
Tampoco levanta la niebla en estas alturas quitándonos visibilidad.
Junto al camino un precioso acebo que nos muestra orgulloso sus frutos rojos.
Entre la niebla llegamos a este punto con esas dos construcciones.
Una es el antiguo monasterio de Santa María de Belate.
Enfrente se encuentra el hospital de peregrinos. Ambos edificios del S. XII.
Seguimos nuestro camino y a pocos metros encontramos las aguas del río Ultzama, aún con poco caudal porque nace un poco más arriba. Este río da nombre al valle por el que seguiremos ahora.
Seguimos disfrutando de la belleza del entorno.
La lluvia ha embarrado algunos tramos del camino y hemos de ir esquivando el barro caminando por los bordes.
Nos llamó la atención la cantidad de árboles completamente cubiertos de musgo. Estamos acostumbrados a ver que el musgo cubre la cara norte del tronco y no el tronco entero como sucede aquí.
El grupo camina impasible bajo la lluvia, en silencio unas veces, conversando animadamente otras, pero siempre con ganas y disfrutando de lo que vivimos andando, sean cuales sean las condiciones climatológicas.
"El buen compañerismo consiste muchas veces en callar, en respetar el laconismo
del otro, en comprender que eso es lo que el otro necesita en esa precisa y
oscura jornada, y entonces arroparlo con nuestro silencio, o dejar que él nos
arrope con el suyo..." (Santiago en “Primavera con una esquina rota” de Mario Benedetti)
Pequeña parada para recuperar el aliento. (foto de Miky)
Seguimos viendo setas de todo tipo. Estas setas rojas parecen ser dos ejemplares de Amanita muscaria
al parecer no es comestible (bueno, una vez sí, más ya no).
Atravesamos un mar de helechos gigantes.
"No sois vosotras, ricas aguas
de oro, las que corréis
por el helecho, es mi alma."
Juan Ramón Jiménez
Avanzamos pisando una alfombra de hojas.
"De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua,
el esqueleto de las hojas en la tierra."
Jaime Sabines
Más setas, estás en formación.
Y no pueden faltar las bellotas de estos enormes y bellos robles.
Aproximadamente en el kilómetro dieciséis vemos desde el camino algunas casas y la iglesia de Lantz, donde tenemos previsto comer porque en Olagüe el único Bar-restaurante que hay cierra hoy.
Belleza descomunal que nos impacta y empequeñece.
Entramos en Lantz. Este nombre nos suena a alemán ¿no os lo parece a vosotros?
Estas son sus primeras casas.
Y ésta, la señal que nos guía y nos marca el buen camino.
Calles silenciosas y también mojadas de Lantz.
Por fin llegamos a la Posada de Lantz. Aquí tenemos previsto comer. Son aproximadamente las doce y cuarto de la mañana. Hemos llegado con adelanto a la hora prevista a pesar de las malas condiciones.
Mientras se hace hora de comer nos despojamos de nuestros ponchos y chubasqueros y nos bebemos una cerveza.
Nos recuperamos del frío que hemos cogido junto a la chimenea. Nos viene de perlas el calor de las llamas.
Llega la hora de la comida: "A la taula i al llit al primer crit". Aquí estamos preparados y dispuestos para recuperar fuerzas.
Éste es un ejemplo de menú. Como podéis suponer nos supo a gloria.
Tras el descanso y la comida, una vez recuperadas las fuerzas, seguimos nuestro camino hacia Olagüe, nuestro final de etapa de hoy.
Como en todos los pueblos que hemos transitados, un denominador común han sido sus casonas y palacios con sus correspondientes escudos. En este caso nos ha llamado la atención esta puerta de una de esas casas nobles. Todas las puertas tienen historia.
“No
hay dos puertas iguales: respetadlas todos. Yo siento una profunda veneración
por ellas; porque sabed que hay un instante en nuestra vida, un instante único,
supremo, en que detrás de una puerta que vamos a abrir está nuestra felicidad o
nuestro infortunio…” (Azorín, “ Las confesiones de un pequeño filósofo”)
Pasamos por la iglesia de la Santa Cruz de Lantz antes de salir del pueblo.
Nos quedan unos cinco kilómetros hasta Olagüe.
Salimos a la carretera NA-2523, que es estrecha y avanzamos con cuidado.
Cruzamos un puente sobre el río Elzarrain.
A escasos dos kilómetros dejamos la carretera para seguir por el camino de tierra que sale por la izquierda. Como se muestra en la foto el suelo aparece embarrado.
Quinientos metros después de tomar el camino nos adentramos en un bonito sendero que nos sigue haciendo disfrutar del camino.
Salimos a la carretera de Aritzu y la seguimos en dirección a Olagüe.
No dejamos de ver escenas rurales como estos caballos en el prado.
Y ya parece que llegamos finalmente a Olagüe.
Caminamos por sus calles. Ahora debemos de buscar el albergue donde pernoctaremos esta noche.
Pasamos por delante de la iglesia de San Juan Bautista de Olagüe. Estamos ya muy cerca del albergue.
Finalmente llegamos al albergue de peregrinos sobre las tres y media.
Se trata de un albergue parroquial ubicado en la antigua casa del cura que regenta María. Ella también es la dueña de una quesería artesana junto al albergue, en la que podréis abasteceros de este producto. En Olagüe sólo hay un bar-restaurante y una pequeña tienda que abre por las mañanas y una hora por la tarde de siete a ocho y cierra domingos y festivo. Hay que tener esto en cuenta a la hora de comer, cenar o desayunar porque el albergue no ofrece estos servicios.
Tomamos posesión de nuestra habitación. A continuación una ducha que nos relaje y a descansar de la larga y dura etapa de hoy pasada por agua.
Cocina del albergue.
La tarde desapacible hizo que algunos no saliéramos a conocer más Olagüe. María vino a cobrar y sellar las credenciales sobre las seis y media. Luego algunos miembros del grupo fueron a la tienda para comprar algo para cenar y desayunar al día siguiente. Aquí estamos en ello.
Tras la cena nos retiramos a dormir. Mañana nos espera una ruta de veintiséis kilómetros que aunque de larga distancia, no presenta grandes desniveles y es bastante asequible. Y aquí ponemos punto y final a esta penúltima etapa de este bonito camino que estamos a punto de terminar.
No pensamos en el final sino disfrutar del camino que nos lleve hasta allí. En esas hemos estado y en esas seguiremos en la última etapa que nos espera mañana.
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