El grupo dispuesto para salir.
Y la foto de inicio antes de ponernos en marcha aprovechando que aquí tenemos algo de luz.
(foto de Miky Banacloche)
Salimos por donde vinimos ayer y pasamos por la iluminada iglesia de Santiago
Salimos a la rotonda y vamos por la carretera que nos trajo hasta aquí.
Por ella avanzamos apenas cincuenta metros y la dejamos para coger un camino de tierra ahora por nuestra derecha. Es el "Chemin de Xapitalea". Desde aquí empezaremos una fuerte subida durante casi cuatro kilómetros. La foto no tiene la calidad necesaria debido a la falta de luz. Pero no podemos hacer otra cosa.
Es noche cerrada además de estar nublado y el uso de frontales se hace indispensable.
Alcanzamos cierta altura y aunque muy borrosa obtenemos esta foto del pueblo con iluminación nocturna.
A casi dos kilómetros del inicio alcanzamos este cruce de carreteras y caminos. Es el Col de Pinodieta de 175 m de altitud. Seguimos por el camino de tierra que vemos de frente a nuestra izquierda.
Captamos en la penumbra un monumental roble que nos anuncia los que veremos después en nuestro camino.
"¿Ves ese roble que abatir no pudo
ayer el huracán que asoló el monte
y que finge en el monte un alto y rudo
centinela que mira el horizonte?
Labora y triunfa como sano y fuerte
para que el lauro que te da la vida
flote sobre el remanso de la muerte."
Julio Flórez
A pesar de la penumbra y del pequeño tamaño, no nos pasa desapercibida la señal del camino. Vamos bien.
A medida que la luz llena el cielo vamos disfrutando algo del paisaje que hasta ahora la escasa luz nos había negado.
Cielo turbio y nuboso que producirá a lo largo de la etapa una ligera llovizna y que en la tarde-noche se convertirá en lluvia intensa que nos vaticinó lo que sería la jornada siguiente: una etapa pasada por agua.
"Nubes de tempestad
que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!"
Gustavo Adolfo Bécquer
El camino transcurre entre pastos donde las ovejas pacen ajenas a la inclemencia del tiempo como si ese factor no afectara a su actividad cotidiana.
Además de robles junto al camino los castaños y avellanos también lo flanquean y nos muestran cuántos frutos se pierden en el suelo.
El camino nos lleva a franquear el paso canadiense que vemos al fondo.
A doscientos metros de haber cruzado el paso canadiense llegamos a esta bifurcación que seguiremos por el sendero de la derecha. A partir de aquí comenzamos a descender. Hemos superado la mayor dificultad de la etapa de hoy.
Un tupido sendero nos espera en la bajada con mucha vegetación que casi lo cubre a modo de túnel.
También vemos grandes áreas de monte cubiertas de helechos que nos recordaron ciertas zonas de la Sierra de Espadán.
Junto al camino nos hacemos una foto junto a un impresionante roble.
"Repasar
la corteza de un árbol experimentado es como acariciar la crin de un caballo
que uno monta a diario. Se establece una comunicación muy sobria (no
empalagosa, como suele ser la relación con un perro insoportablemente fiel)
pero lo bastante intensa como para que después uno la eche de menos cuando
vuelve al trajín de la ciudad.”
(Santiago, Mario
Benedetti, “Primavera con una esquina rota”)
En un punto del camino, entre el ramaje de los árboles, tuvimos ocasión de tomar esta original foto de un buitre encaramado en la rama de un árbol.
Un poco más adelante un vecino de la zona nos mostró la cesta en la que iba depositando las setas que iba encontrando. Encontramos muchas y variadas durante todo el camino. Pero las setas no es nuestro campo.
Seguimos disfrutando de ejemplares fantásticos de robles sobre todo.
Y disfrutando de un bonito paseo por un precioso camino, a pesar de que el cielo no acompaña.
"La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece."
Antonio Machado
En un claro entre las copas de los árboles, entre la neblina captamos la población de Ainhoa hacia donde nos dirigimos.
Un ligero chispear nos acompaña en los últimos metros antes de llegar a Ainhoa.
La llovizna también es un elemento que nos concentra y nos invita a reflexionar.
"Lágrimas es la lluvia desde el cielo,
y es el viento sollozo sin partida,
pesar, la sombra sin ningún consuelo,
y lluvia y viento y sombra hacen la vida."
Miguel de Unamuno
Vista a la puerta de esta bonita población que se encuentra en el grupo de los pueblos más bellos de Francia.
Entrada a Ainhoa. Aunque el camino sigue por la izquierda sin pasar por el centro urbano, nosotros entramos a visitar la iglesia.
El grupo antes de la entrada triunfal a Ainhoa.
(foto de Miky Banacloche)
Ésta es la iglesia de Notre-Dame de l' Assomption. Vemos el cementerio contiguo a la iglesia como en Souraïde.
Éste es el retablo del altar mayor.
Techumbre de madera y balconadas también en madera de dos alturas que nos resultaron curiosas.
Tras la visita a la iglesia de la Asunción, salimos a la calle principal que cruza la población y vemos el edificio del Ayuntamiento y entramos a que nos cuñaran la credencial.
Nos derivaron a la Oficina de Turismo que estaba en el mismo edificio al girar la esquina.
La vieira del cuño evidencia la relación de esta población con el paso del camino por la población y el tránsito de peregrinos.
Transitamos por esta preciosa calle con casas típicas de esta región francesa, que cruzamos con esa ligera llovizna que empezó a caer.
"Una ventana abierta. La lluvia. Y un lejano recuerdo.
Una calle vacía. Nada más que una calle y el viento."
José Ángel Buesa
Casas típicas de Aquitania.
Al final de la calle giramos a la derecha para salir de Ainhoa.
Caminamos por un camino asfaltado con vegetación abundante.
Además de la vegetación podemos ver bonitas casas de campo.
La llovizna es tenue y no nos obliga a ponernos el chubasquero.
Junto al camino vemos algunos ejemplares de arces que aún no han amarilleado.
Y una vista ya muy habitual durante el camino de Baztán como hemos podido comprobar estos primeros días, la presencia de rebaños de ovejas pastando a sus anchas.
Cerca de la frontera las nubes emborronan las montañas circundantes.
Camino de Dantxaria.
Entramos en el barrio de Dantxaria, última población francesa, pedanía de Ainhoa.
Y en este punto pasamos a España. Aquí se encontraba el antigua paso fronterizo entre ambos países en desuso desde que en 1995 entró en vigor el Tratado de Schengen.
Entramos en Dantxarinea, versión en euskera de Dantxaria ya en Navarra. Es una pedanía de Urdax, donde pernoctaremos al final de esta segunda etapa.
Avanzamos ya por la N-121-B con tiendas, supermercados, gasolineras... a ambos lados y muy transitada por vehículos franceses que se acercan hasta aquí por beneficiarse de precios más económicos que en Francia.
Como teníamos hambre y en este enclave comercial sabíamos que encontraríamos algún bar, nos pusimos manos a la obra y encontramos uno que nos vino de perlas.
Seguimos por Dantxarinea con sus tiendas a ambos lados.
Al final de la localidad abandonamos la carretera y lo hacemos por la derecha siguiendo este camino de hierba junto a esa casona.
¡Mirad la belleza de este camino!
En tan bello enclave, ¿cómo no vamos a encontrar motivo de reflexión?
“Trasciende todas las situaciones sin pensar si esto es favorable o
aquello adverso. Sólo así alcanzarás finalmente un estado de no acción y de no
preocupación. Pero si albergas el más pequeño deseo de alcanzar el estado de no
preocupación, lo habrás convertido en una nueva preocupación. (maestro Yuanwu,
“La esencia del Zen”, Thomas Cleary)
A nuestro lado las aguas del arroyo de Ugarana acompañan nuestro caminar.
"Y así, como un arroyo que se convierte en río,
y que en cada cascada se purifica más,
voy cantando este canto tan ajeno y tan mío,
con la simple palabra que no muere jamás."
José Ángel Buesa
Salimos a la carretera local NA-4402.
Abandonamos la carretera en este punto por este camino cementado presidido por este monolito.
Ya tenemos la población de Urdax a la vista.
Accedemos a la población por un bonito camino cementado.
Pasamos por esta fuente.
Dominan la población estas dos pequeñas montañas.
Caminamos parsimoniosos al albergue ya cercano.
Pasamos por el rústico lavadero
Bonitos caseríos vascos preludian la entrada a Urdax.
Nos extrañaba no haber visto aún hortensias.
No puedo sustraerme al encanto que producen en mí las puertas, cualquier puerta, las más viejas o las más cuidadas como la de la foto. Siempre nos preguntamos ante ellas cuántas historias se esconden detrás de ellas, buenas y malas, alegres y tristes, sencillas o tortuosas...
Pasamos por delante de la Casa Palacio Irigoienea. Está a unos cuatrocientos metros del Monasterio de Urdax donde nos alojaremos hoy y tenemos reservada la cena para esta noche. (foto tomada del Google Maps)
A la entrada de Urdax nos vuelve a saludar el rumor de las aguas del arroyo Ugarana.
Y llegamos hasta el Monasterio de San Salvador de Urdax, del S.XII. Fue además hospital de peregrinos. En la actualidad contiene el albergue de peregrinos, un pequeño museo local y una exposición de artistas vascos.
A escaso kilómetro y medio de la oblación se pueden visitar unas cuevas con espectaculares formaciones de estalagmitas y estalactitas, con un río subterráneo en su interior. Pero no las visitamos.
Eran las doce y media del mediodía. El albergue aún estaba cerrado. Tuvimos que esperar un poco hasta poder entrar.
Aquí está la entrada al albergue y al museo que contiene el monasterio.
Esta es la habitación que ocupa un ala superior del claustro donde se ubican las literas.
El descanso del guerrero. Aquí pasaríamos hoy la noche. La diferencia respecto a la estancia de la etapa anterior salta a la vista. Es la realidad del camino que tiene estos contrastes, como la vida misma.
Vista del claustro del monasterio desde el albergue.
Nos duchamos y nos dispusimos a buscar un lugar para comer. La lluvia hizo acto de presencia y no dejaría de acompañarnos en lo que quedaba de jornada, anticipando lo que sería el día siguiente.
En nuestra búsqueda nos llamó la atención este pequeño gato mojándose bajo la lluvia. No parecía importarle en exceso.
Pero su orgullo ciégale insensato:
tiene el instinto y el rugir del tigre,
mas Dios no le hizo tigre, sino gato.
Manuel del Palacio
Encontramos acomodo en el acogedor Restaurante La Koska, donde entramos en calor.
Dispuestos a recuperar energías que nos harán falta para mañana, una de las etapas reina del Camino de Baztán.
Un sencillo pero exquisito menú de una sopa de pescado y un filete empanado con patatas fue más que suficiente para nuestras necesidades.
Tras la comida, vuelta al albergue del que muestro el comedor y el área de estancia común antes de acceder a la habitación de las literas. Ahora descanso y a esperar la presencia del alberguero que nos cuñaría la credencial y al que habíamos de pagar la estancia. Al estar lloviendo toda la tarde el paseo vespertino no pudo hacerse.
Como comenté más arriba teníamos reserva para cenar en Casa Palacio Irigoienea a cuatrocientos metros del albergue. El problema era la lluvia que caía, pero no teníamos otro lugar para cenar. Por esa circunstancia algún miembro decidió no ir a cenar. Al resto nos veis aquí dispuestos al ataque.
Una cena ligera fue nuestra cena.
Tras la cena, vuelta al albergue. aún llovía, pero menos.
Y a dormir, que mañana nos esperaba una etapa de montaña.
"En el camino no buscas nada, pero vuelves rico, rico de armonía y de severidad."(“Los Caminos de Santiago. Arte, cultura y leyendas” José Fernández Arenas)
La ruta en el mapa
La ruta en Wikiloc
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