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martes, 17 de enero de 2023

ALFONDEGUILLA: PEÑA MIGDIA, PEÑALBA (14/1/2023)

Decía Fito en su canción  "Antes de que cuente diez" que "Lo que me llevará al final serán mis pasos, no el camino.” Se trata de la misma idea machadiana de "Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar.". Nos hacemos eco de esta idea y seguimos caminando no buscando un destino sino haciendo camino andando a donde nos lleven los pies hasta que ya no puedan hacerlo.

En esta ocasión volvemos a Alfondeguilla, en las estribaciones orientales de la sierra de Espadán, para realizar una bonita y exigente ruta que nos llevará hasta la Peña Migdia y al Peñalba, ambas curiosamente en término municipal de Vall de Uxó. La subida a estas dos cimas se realiza en los primeros cuatro kilómetros y medio de ruta teniendo que salvar un fuerte desnivel que es el que marca la exigencia de esta ruta. Decir también que la bajada desde la Peña Migdia, aunque no muy larga, la realizaremos con precaución debido a la pendiente y a lo descarnado de la misma, con tramos de piedra suelta y muy inclinados. La bajada desde el Peñalba hasta el collado de la Ereta es más suave. En el collado de la Ereta enlazamos con el GR 36 durante un corto tramo hasta el collado de Artana. Aquí dejaremos el GR para seguir, por la izquierda, el antiguo camino de Artana a Alfondeguilla donde terminaremos esta bonita ruta. La dureza de la subida a estas dos cimas se ve altamente recompensada por las vistas desde ambas pudiendo disfrutar en 360º de excelentes paisajes y la vista inigualable del mar Mediterráneo.


Llegamos a Alfondeguilla aún de noche y con una temperatura de 3,5º. De hecho, todos los gatos que vimos eran pardos. Aparcamos nuestro coche en la Plaza Diputación ornada con una réplica del Pont de l'Aigua. Se trata de un acueducto de origen romano y reconstruido por los árabes que cruza el barranco del río Belcaire mediante seis arcos que sujetan la canal, en buen estado y todavía en uso.


Aprovechamos el punto para hacernos la foto de grupo. A la izquierda Rafa Lafuente. A la derecha un servidor.


Empezamos a caminar con escasa luz que hace que las fotografías salgan mal. Salimos de la población y cogemos un camino a la derecha junto a las casas que veis.

"Quedó la noche vacía
y no obstante estaba llena
de siluetas y misterios."

                                                                         José María Hinojosa


Justo en la esquina de la casa, este poste de piedra nos marca la dirección y distancia a la cueva de San Vicente, que será nuestra primera visita en esta ruta.


El sendero es estrecho y zigzaguea en contínua subida. El amanecer da señales de vida iluminando las Peñas de la Rimansa.


Y disfrutamos como hacemos normalmente de pequeños detalles aún en la oscuridad. Esta florecilla de vinca menor parece iluminar la noche como las lucecitas de un árbol navideño.

-¿Por qué te miro así tan abatida,
pobre flor?
¿En dónde están las galas de tu vida
y el color?
Díme, ¿por qué tan triste te consumes,
dulce bien?

                                   Manuel Acuña


Las Peñas de la Rimansa reciben con agrado los primeros rayos de sol que temperan la fría noche que se va yendo.


No somos nada ajenos al hechizo de la luna. Está menguando, pero para nosotros tiene la misma belleza, el mismo encanto, que la luna llena.

"La luna me echa en el alma
honda, un agua de deslumbres,
que me la deja lo mismo
que un pozo templado y dulce."

                   Juan Ramón Jiménez.


El rojizo sendero sigue subiendo.


Junto al camino este segundo poste que nos marca la dirección que hemos de seguir para visitar la cueva. Nos desviaremos de nuestra ruta para la visita, pero luego retornaremos hasta aquí de nuevo para continuar.


Señal evidente de que hemos subido es esta foto de Alfondeguilla desperezándose todavía.


Y llegamos a la cueva de San Vicente, una enorme cavidad que empequeñece al que entra en ella. En la pared del fondo hay una baldosa con la imagen del santo. Tras la visita, volvemos sobre nuestros pasos para continuar.


Y de camino, más pequeños detalles que llenan nuestro caminar. El clima benigno que estamos teniendo este invierno hace que algunos almendros, incluso sin hojas, hayan florecido. Como muestra esta preciosa florecilla en un desnudo almendro.

"Mi corazón alegras
con tu flor diminuta y tu silencio.
¡Cómo llenas las horas en abismo
de mi pasar sediento!"

                 Antonio López Baeza


Estos bonitos helechos evidencian también que caminamos por una zona de umbría de gran humedad.


Llegamos hasta la bifurcación donde nos desviamos para acceder a la cueva y seguimos subiendo por la derecha. Nuestro próximo objetivo es la Peña Migdia.¡Allá vamos!



"Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil ruidos,
despertaba el pueblo."

               Gustavo Adolfo Bécquer


La luna nos ha seguido. No nos deja y no podemos dejar de mirarla de vez en cuando. 

"La luna está muy cerca,
Quieta en el aire nuestro.
El que yo fui me espera
Bajo mis pensamientos."

                                                                                 Jorge Guillén


Vista desde el sendero del camposanto de Alñfondeguilla.

¡Dios míos, qué solos
se quedan los muertos!

                 Gustavo Adolfo Bécquer


El romero también luce sus mejores galas, todo lleno de florecillas moradas que contrastan con el verde de sus aciculadas hojas.


No hemos dejado de subir desde que salimos de Alfondeguilla y la pendiente es de las que te hace latir el corazón a más velocidad de la habitual.


El esfuerzo de la subida se atenúa con las vistas que la altura nos propociona, aunque las vistas aún no sean nítidas del todo.

"El tenue resplandor del sol naciente
poco a poco los cielos ilumina,
y al fresco soplo de vital ambiente
va huyendo presurosa la neblina."

                       Miguel Ángel Corral


El sendero también nos proporciona buenas vistas sobre el Pipa.


Con el zoom acertamos a fotografiar las antenas de Castro en el pico Nevera.


Las flores de los almendros siguen iluminando el camino. Sus florecillas acampanilladas movidas por el viento producen una musiquilla que nos atrae como el canto de las sirenas a los marineros.

"Almendro de la gracia sorprendida,
regalo de un invierno;
almendro que haces puente esta mañana
entre mi alma y lo eterno."

                           Antonio López Baeza


Una visión recurrente durante toda la ruta es la de la inexpugnable imagen del castillo de Castro, que la luz del sol ilumina dándole ese tono rojizo que realza el rojo del rodeno.


Alfondeguilla cada vez más abajo y nuestras piernas cada vez más cansadas.


Pasamos junto a este refugio de pastor hecho con la técnica de piedra en seco que está pintado de blanco, cosa que no es habitual en otras construcciones similares que hemos visto.


La verdad que la pendiente en algún tramo es fuerte y el terreno está muy descarnado y con mucha piedra suelta. Pulmones, corazón y aparato locomotor a pleno funcionamiento.

Un gran esfuerzo que se verá recompensado en la cima. ¡Pero claro, mientras eso llega, se cansa uno!


El Pipa ahora casi al mismo nivel.


Algún que otro pino singular nos encontramos de subida, como éste con varias ramas saliendo desde el suelo.

"Al bosque me llevó mi fantasía,
y en su fondo erizado de retamas.
hallé un gigante pino, cuyas ramas
eclipsaban la luz del medio dia."

                         Manuel del Palacio


El sol refleja su luz en las aguas del Mediterráneo con una acción cegadora que nos impide una buena visión.


Y alcanzamos la cima de la Peña Migdia (582 m.). Encontramos este banco junto a un poste señalizador.


Nos vino bien para descansar un poco emulando la película "Los lunes al sol". En este caso, los sábados al sol.


Y tras el descanso, el disfrute de las vistas desde esta extraordinaria atalaya. ¡No os podéis imaginar lo impregnados que están mis ojos de belleza, que siempre llevaré conmigo! (foto Rafa Lafuente)


Nos hemos olvidado del esfuerzo realizado en la subida y ahora es el momento del disfrute y de la reflexión que nos producen estas perspectivas infinitas.

"Tras arder siempre, nunca consumirme;
y tras siempre llorar, nunca acabarme;
tras tanto caminar, nunca cansarme;
y tras siempre vivir, jamás morirme."

Francisco de Quevedo


Desde la Peña Migdia, podemos ver entre otros, el cerro del castillo de Vall de Uxó.


El Pipa.


O la populosa Vall de Uxó.


Tras disfrutar de las vistas, comenzamos a bajar. Apenas unos metros de bajada encontramos unos muros de piedra tal vez resto de trincheras o construcciones militares de la Guerra Civil.


Esto nos pareció la entrada a un posible bunker.

"Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes.Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes. Tristes."

                 Miguel Hernández


El descenso de la Peña Migdia lo debemos hacer con cuidado por su inclinación y la presencia de piedra suelta que puede provocar un resbalón. Y ya sabemos que no es lo mismo una caída subiendo que bajando.


Aquí un ejemplo de un tramo donde se puede apreciar el desnivel.

"El camino fue largo, muy largo,
fue malo también:
los tropiezos que en él abundaban
lo hacían difícil, cansaban los pies."

                      Vicenta Castro Cambón


A estas alturas del relato os habréis dado cuenta que me encantan las flores y en la ruta de hoy, las adelantadas flores de los almendros nos han acompañado en todo el recorrido, poniendo una bonita nota de color, sencillez y belleza que nos atrae.

"Suele tal vez, venciendo los rigores
del crudo invierno y la opresión del hielo,
un tierno almendro desplegar al cielo
la bella copa engalanada en flores."

                             Juan Bautista Arriaza

La bajad nos deja en un collado llano. Encontramos este poste que marca un sendero local SL 7 que desconocemos. De todos modos, nuestro camino sigue por ahí.


Pasamos junto a un conjunto de casas de campo. Este corto tramo llano nos da un pequeño respiro que nos va a venir bien para emprender la subida hasta el Peñalba.


Al final del grupo de casas  llegamos a esta encrucijada. Nosotros hemos de seguir de frente por un sendero que asciende de nuevo con una buena pendiente.


Paramos para recuperar aliento y volvemos la vista atrás para observar de dónde venimos. Entre las ramas de un almendro, la Peña Migdia.


Un camino entre vegetación de monte bajos no asciende hasta el Peñalba.


Estos rosados conejitos o bocas de dragón ponen un punto de color a la monótona subida. 


No podía faltar la imagen emblemática del Peñagolosa, que podemos ver desde casi todas las rutas de Castellón e incluso de otras provincias limítrofes.


Esta subida al Peñalba es más suave que la que hicimos a la Peña Migdia. También ascendemos desde mayor altura, pero en contrapartida, llevamos acumulado en nuestras piernas el desnivel anterior. Habremos primer de salvar la loma que vemos para encontrarnos detrás con la cima del Peñalba.


Ya vemos frente a nosotros la antena que corona la cima del Peñalba.


Pasamos junto a las ruinas de los corrales del Boiet.


Y llegamos a la cima con esta fea antena que además nos pareció que no estaba en funcionamiento.
Ahora nos toca disfrutar en 360º.


Castillo de Vall de Uxó.


“¡Qué azul es el Mediterráneo! En el azul del mar, bajo el azul del cielo, se ve allá, a lo lejos, emerger el resalto de una isla. No hay en toda la inmensidad –llana y plácida- más que dos colores, dos matices de azul, el del cielo y el del mar. Dos colores que son uno mismo; un mismo color de azul, con combinaciones y matices diversos. (Azorín, “Pasos quedos”)



El Bartolo.


Las agujas de Santa Águeda.




Peñagolosa una vez más.




Nules.


Grao de Castellón.


Vall de Uxó.

"Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.
Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.
Todas las casas son brazos
que se empujan y estrechan.
De todas las casas salen
soplos de sombra y selva.
En todas hay un clamor
de sangres insatisfechas."

             Miguel Hernández

Borriol.


No sólo disfrutamos de las magníficas vistas sino que aprovechamos en tan espectacular enclave para hacer la parada del almuerzo. Hacía tiempo que no almorzábamos en ruta y ya lo echábamos de menos.


La luna nos acompañó, pero no le pudimos ofrecer nada para almorzar. 

“Aprovecho para escribirte porque hay luna. Y la luna siempre me tranquiliza, es como un bálsamo.” (Mario Benedetti, Santiago en “Primavera con una esquina rota”)


Tras el reconstituyente almuerzo seguimos nuestro camino ahora bajando de nuevo hasta el collado de la Ereta, donde enlazaremos con el GR 36.

“Una de las cosas más agradables de la vida: ver cómo se filtra el sol entre las hojas.” (Martín Santomé, Mario Benedetti, “La Tregua”)


Llegamos a este primer cruce con este poste direccional. Seguimos dirección a la Ereta.


Nuevo cruce. Nuevo poste. Derecha, misma dirección: Ereta.


Este camino nos lleva hasta el collado de la Ereta.


"Almendros en flor.
La primavera
se acerca."

        José María Hinojosa


“A mí me gusta más la sombra de los árboles, porque tiene manchitas de sol y además se mueve.” (Beatriz en “Primavera con una esquina rota” de Mario Benedetti,)

 

Llegamos al collado de la Ereta. Aquí enlazamos con el GR 36 que recorreremos durante un tramo no muy largo. Desde aquí podríamos subir hasta el Puntal de Artana.


Seguiremos el GR 36 aproximadamente un kilómetro hasta el collado de Artana.


Aquí vemos las marcas del GR. En este tramo se nos cruzó un gran jabalí. No nos dio tiempo de sacarle una foto. 

Una preciosa flor de Escabiosa nos hizo detener unos instantes.

"Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo."

             Miguel Hernández

Empezamos con una temperatura baja, pero ahora el día se ha apañado mucho y el sol  se agradece.

"Sombra
tras los llantos o el último gesto del sol
nada queda. Nada tras los llantos, los versos,
los retratos. Y una sombra dice que fue ella."

Santiago Montobbio


El Puntal del Aljub nos acompaña en este tramo, se hace omnipresente.


Un tramo de sendero despejado es un mirador excelente sobre la población de Artana.


Llegamos al collado de Artana. Aquí dejamos el GR 36 y seguiremos por la izquierda para seguir por el antiguo camino de  Artana a Alfondeguilla que nos llevará hasta el final de laruta.


La Peña Migdia en la que estuvimos y disfrutamos unas horas antes.


Y el castillo de Castro que reclama nuestra atención y no es para menos dada su inexpugnable estampa.


El camino que nos queda está salpicado, como es habitual en esta sierra, de bonitos ejemplares de alcornoques.


Las aliagas pinchan, pero no todo en ellas es malo. Sus flores amarillas son bonitas y dan color a la montaña.


Encontramos bastantes alcornoques descorchados.


El camino pasa por zonas de umbría donde el musgo crece a xuxanchas.


Estos dos ejemplares están descorchados en apariencia de hace poco. El siguiente descorche tendrá que esperan entre nueve y diez años para volver a  realizarse.


En el suelo el corcho extraído.


En este punto seguimos el camino hacia la izquierda y caminaremos paralelos al barranco de Eslida.
Aquí encontramos un grupo de cazadores.


El barranco bajaba seco.


Aunque en zonas encontrábamos helechos.


El camino es amplio y cómodo y agradable de caminar. Al fondo, la punta de la Peña Migdia.


El barranco queda a nuestra izquierda y forma un profundo valle que Rafa se ha detenido a observar.


En este punto el camino adquiere gran altura sobre el barranco como puede verse en la alta pared de enfrente.



"La gracia cenicienta de la encina,
hondamente celeste y castellana,
remansa su hermosura cotidiana
en la paz otoñal de la colina."

                         Leopoldo Panero


Las clásicas pedreras de Espadán también aparecen en el camino.


En una curva del camino, estas vallas de madera se asoman al barranco de Eslida y permite distinguir al fondo las primeras casas de Alfondeguilla.


Ya  estamos cerca de Alfondeguilla, junto al camino algarrobos, almendros...

"Vi un árbol a la orilla del camino,
y me senté a llorar mi desventura.
Así fue, caminante
que me contemplas con mirada absorta
y curioso semblante."

                     Luis Gonzaga Urbina


Antes de entrar en la población se encuentra la fuente del Fraile, que encontramos seca. Una pena. Nos hubiera venido bien refrescarnos un poco.


Entramos a Alfondeguilla por la calle Molino.


Pasamos por la iglesia de San Bartolomé.


Pasamos por esta bonita arcada...


...para salir al punto donde iniciamos esta mañana la ruta, y aquí ponemos punto y final a nuestra ruta.

Nueva ruta, nuevo sueño conseguido. “Nunca desistas de tus sueños. Sigue las señales.” (Melquisedec en El Alquimista, Claudio Coelho)

La ruta en el mapa


La ruta en Wikiloc


 
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Película

2 comentarios:

  1. Hola Emilio.

    ¿Qué tendrá Alfondeguilla para ser uno de los destinos senderistas por excelencia?... Pues ha quedado bien claro en este reportaje tuyo cuales son las credenciales y los encantos naturales de esta bonita población espadánica. No hace mucho estuve por allí, subiendo al Castell de Castro, al cual hacía más de seis años que no subía, cosa por la cual me quitaron tres puntos del carnet de senderista jejeje.
    Precioso recorrido, que pese a su corta longitud aglutina todos los ingredientes de lo que es el ADN de Espadán, dureza y jabalís incluidos.
    El Penyalba siempre me ha parecido un islote calizo, en medio de ese océano de rodeno.

    Un abrazo.

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    1. ¡Hola, Dani! Ya estuvimos hace un par de años en Alfondeguilla para subir al castillo de Castro y hemos vuelto por lo que comentas, esos encantos naturales que nos han hecho repetir y que además, volvamos la semana próxima. No digo más. Cualquier recorrido por Alfondeguilla nos hará disfrutar plenamente de Espadán.
      Un abrazo.

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